sábado, 18 de abril de 2009
Tropel The Hojas Secas
Tomá mi casa y hacé una fiesta.
Oscuridad sobre una mano de la vereda de 8 entre 61 y 62, gente refugiada en esa penumbra y el rock de unas décadas atrás pero en el 2009 dentro de la oculta finca.
Por Facundo Cottet
En un espacio -que es el living de cualquier casa antigua- armado de dos ambientes contiguos hay retornos, pies de micrófonos, instrumentos y Tropel, que le da la bienvenida a la apertura de otro espacio en la ciudad. Se trata del centro cultural “El gran sueño”, un lugar que funcionará como foco artístico, cerca de bellas artes, polo de atracción hasta en estas cosas.
El cuarteto que cultiva el sonido Spinetta en todas sus épocas juntas, fue por momentos arrollador, respetando la esencia de su nombre. Riffs limpios en los dedos de Lucas Vanza (única guitarra) en temas como “Tu Dios y Tu Miseria”. “Tu ley, tu estado/ tu dios y tu miseria” en clave sesentista, cercana al disco “Axis Bold as Love” de Jimi Hendrix del año 1968, y cargado de intención.
Se escuchó una solemnidad ecléctica en “Lejana”. Un arranque demoledor del tema, para bucear por melancolías de amor y armonías calmas en la estructura sonora, al momento de hacer eje en la melodía. Y de vuelta al estilo de los sesenta/setenta en los solos de la guitarra.
Mientras esto crujía desde los parlantes, la gente parecía hipnótica. En su mayoría (con las manos ocupadas con alguna bebida color amarilla) se balanceaban entendiendo la esencia que ofrecía Tropel. Una esencia que se carga también desde la tensión, ya que en ese lugar juegan un papel principal las teclas.
“Claustro de ausencia” (una historia para la memoria en tiempos complicados y de debate como estos que nos tocan escuchar desde los medios) le dio el pie al brillo del teclado, a cargo de Santiago Delia. Justificando, que a veces, es prescindible una segunda guitarra.
Cuando se agotaba el repertorio del cuarteto, parecía el final. Una instrumental, para alimentar oídos exigentes y el chau. Pero no. La gente -público amigable- pidió otra y entonces lo programado se desvirtuó. El final fue “Presagio” un tema que lleva el sello de todo lo descripto anteriormente, pero en una sola canción. Sólo que esta vez, el tiempo de ensayo le dio otro aire y ahora, con cercanías al funk, Lucas cantaba “Ya no quiero perderte otra vez nena/ estalla el mundo detrás de mi espalda/ recuerdos, presagios, miradas, desiertos/ no hay nada”.
Pero hubo más. Un intermedio para reciclar el aire y el desenfreno de The Hojas Secas para ponerle distorsión y adelantarse unos años en la contextualización de sonido. Ya no estábamos en los sesenta, ahora el living podría transformarse en un garage podrido. “Convidé” (con cada vez más olor a hit) y los movimientos rock de Lucas Javuet para abrir el repertorio y continuar con la fiesta del rock.
Mientras Tropel precipitó sus canciones, en la vereda había gente. Cuando The Hojas Secas descalabraba su verborragia sonora al estilo The Strokes, la vereda seguía con gente. La fiesta siguió, ¿dónde…? En la calle, donde se vive el mejor rock.
Oscuridad sobre una mano de la vereda de 8 entre 61 y 62, gente refugiada en esa penumbra y el rock de unas décadas atrás pero en el 2009 dentro de la oculta finca.
Por Facundo Cottet
En un espacio -que es el living de cualquier casa antigua- armado de dos ambientes contiguos hay retornos, pies de micrófonos, instrumentos y Tropel, que le da la bienvenida a la apertura de otro espacio en la ciudad. Se trata del centro cultural “El gran sueño”, un lugar que funcionará como foco artístico, cerca de bellas artes, polo de atracción hasta en estas cosas.
El cuarteto que cultiva el sonido Spinetta en todas sus épocas juntas, fue por momentos arrollador, respetando la esencia de su nombre. Riffs limpios en los dedos de Lucas Vanza (única guitarra) en temas como “Tu Dios y Tu Miseria”. “Tu ley, tu estado/ tu dios y tu miseria” en clave sesentista, cercana al disco “Axis Bold as Love” de Jimi Hendrix del año 1968, y cargado de intención.
Se escuchó una solemnidad ecléctica en “Lejana”. Un arranque demoledor del tema, para bucear por melancolías de amor y armonías calmas en la estructura sonora, al momento de hacer eje en la melodía. Y de vuelta al estilo de los sesenta/setenta en los solos de la guitarra.
Mientras esto crujía desde los parlantes, la gente parecía hipnótica. En su mayoría (con las manos ocupadas con alguna bebida color amarilla) se balanceaban entendiendo la esencia que ofrecía Tropel. Una esencia que se carga también desde la tensión, ya que en ese lugar juegan un papel principal las teclas.
“Claustro de ausencia” (una historia para la memoria en tiempos complicados y de debate como estos que nos tocan escuchar desde los medios) le dio el pie al brillo del teclado, a cargo de Santiago Delia. Justificando, que a veces, es prescindible una segunda guitarra.
Cuando se agotaba el repertorio del cuarteto, parecía el final. Una instrumental, para alimentar oídos exigentes y el chau. Pero no. La gente -público amigable- pidió otra y entonces lo programado se desvirtuó. El final fue “Presagio” un tema que lleva el sello de todo lo descripto anteriormente, pero en una sola canción. Sólo que esta vez, el tiempo de ensayo le dio otro aire y ahora, con cercanías al funk, Lucas cantaba “Ya no quiero perderte otra vez nena/ estalla el mundo detrás de mi espalda/ recuerdos, presagios, miradas, desiertos/ no hay nada”.
Pero hubo más. Un intermedio para reciclar el aire y el desenfreno de The Hojas Secas para ponerle distorsión y adelantarse unos años en la contextualización de sonido. Ya no estábamos en los sesenta, ahora el living podría transformarse en un garage podrido. “Convidé” (con cada vez más olor a hit) y los movimientos rock de Lucas Javuet para abrir el repertorio y continuar con la fiesta del rock.
Mientras Tropel precipitó sus canciones, en la vereda había gente. Cuando The Hojas Secas descalabraba su verborragia sonora al estilo The Strokes, la vereda seguía con gente. La fiesta siguió, ¿dónde…? En la calle, donde se vive el mejor rock.
miércoles, 8 de abril de 2009
ONDA VAGA

BRILLA UNA LLAMA
El grupo de música que parece no comulgar con la modernidad y toca sin amplificadores desembarcó su sanación sonora en la ciudad de La Plata y todo fue cálido.
I
Las velas encendidas en el piso parquet. Cada una, dentro de un vaso de plástico, formaban un semicírculo, donde era el fuego el que dividía los roles
Antes de ver esto, el patio funcionó de purgatorio, del lugar de la espera. Hubo una diferencia: el espacio al que se ingresaba estaba lejos de una representación celestial. Poca luz, olor a humo sin ganas de desaparecer y una línea de mini candelabros de cera que ardían, parecido a un círculo de sal.
No era el cielo, tampoco el infierno. Se trato de una combinación de éstos dos pero en la tierra. Cualquier día es un auditorio. Ese día, el lugar fue algo más: una burbuja quizá, que detuvo el final de un domingo y en donde el tiempo no corrió por dos horas.
II
¿Qué fue lo que logró esto?, ¿Por qué se cambió la atmósfera en ese momento? Cinco personas pueden encontrarse entre los responsables. En su ejecución a ciertos instrumentos musicales, que transforman y exaltan los sentidos. No hay electricidad de por medio, lejos están los ruidos que agotan, en algunos casos, los oídos. Aquí, todos los sonidos salen del alma, de las entrañas mismas de estos sujetos. No se necesitan micrófonos, ni amplificadores, sólo de la sinceridad que transmite con su obra “Onda Vaga”.
Este grupo autodefinido como “música de sanación y meditación” se sentó en las sillas puestas una al lado de la otra, mientras eran asfixiados por unas doscientas personas; cerca, muy cerca. Algunos de los asistentes a esta particular ceremonia de sanación desafiaron lo establecido y se ubicaron delante de la primera fila, sentados en el piso. Nunca pudieron estirar sus piernas desde el suelo. De hacerlo, hubiera implicado romper la última barrera y pasar el fuego que delimitaba quién era quién. Las pequeñas llamas dividían los roles, de un lado los músicos, del otro el público.
III
“Su silencio es nuestra música”. Así, sin más, con esas palabras, trombón en mano, Germán Cohen hace los honores de bienvenida. Y como toda ceremonia marca sus reglas, casi dogmáticas para los presentes. Éstos, entienden que el show no son ellos, y que esa tarde noche fue para escuchar música. Entonces, eso se hizo: escuchar.
Introducción instrumental como para empezar con la cura de corazones heridos. “Ya”, fue el segundo de los diecisiete mandamientos vagos. Entonces, la meditación y el estado de conexión en los sacerdotes a cargo comenzó con el canto de “Me pega fuerte”, una declaración despojada y sincera de alguien inestable en decisiones para el amor.
IV
Una chica, baila sobre un costado del fogón urbano y organizado del auditorio del Centro Cultural Islas Malvinas. Ve a la gente sentada en el piso (muy cerca de la banda) y encuentra un lugar, un hueco que le va a hacer cambiar su óptica del momento. Ella va y se arroja como imantada ante las maderas. Aunque ya no está parada, su pulso no se pierde, mueve su cuerpo de la cintura para arriba. A su lado, un chico de barba, pelo estirado para atrás por una vincha, pantalones estilo hindú y bolso de típica feria artesanal le susurra algo al oído dos minutos después de que ella haya encontrado la posición ideal. Cordialmente, la recién ubicada le responde. Él asiente con la cabeza y se queda mirándola de reojo. Observada, simula un sonrojo y entra en la meditación que proponía Onda Vaga.
Desde ese momento, sus manos marcaron el tiempo en cada canción. Su compañero de ubicación pensaba cómo acercarse hasta ella, qué decir para entablar relación. En las sillas, las parejas estaban para el deleite, el lugar corría fuera del tiempo y espacio, alcanzando la calidez que muchos fueron a buscar.
V
El quinteto va variando los roles instrumentales, el guitarrista pasa al cajón peruano, mientras que el trompetista agarra las maracas y se para en el medio de la canción. Por momentos, la acústica, de lo que fue transformándose en templo, permite que el diálogo entre los sacerdotes y fieles se susurre y con eso alcanza. El reloj corre, pero nadie se da cuenta. Los celulares, caracterizados por interrumpir estas situaciones, misteriosamente están enmudecidos. “Esta noche es hora de entregar muchos besos / y darnos cuenta que a veces nos cuesta”, fue el arranque de una de las últimas canciones (Rayada) de melancolía, declaración y sanación. La introspección desde las cuerdas de guitarra y del cuatro (un instrumento de la familia de la guitarra pero con sólo cuatro cuerdas, usado para los ritmos centroamericanos preferentemente) fue entera y decididamente hacia cada uno de los presentes. Después de eso, la ceremonia empezaba a cantar su final.
VI
“No me importa si el viento va al oeste/ o para atrás donde sea voy a ir/voy a cortar las guirnaldas de esta peste…” fue la propuesta, luego de mostrar todos los males producto de tropiezos con su corazón en las anteriores canciones, de que siempre hay que seguir para adelante. Eso, es uno de los fundamentos planteados por esta especie de religión en sus ceremonias, que constantemente entre tanta oscuridad brilla una luz. Y como hay luz, hay movimiento, y como hay movimiento hay pulso, y si hay pulso, hay vida. El pulso de la ceremonia se acelera con la canción “Experimento”, los músicos bailan de pie, pero la gente sigue sentada. “Iba tan guapa que ni se la vea/ con su dulce, mi leche/Ay Ay Ay Ay Ay Ay este experimento, yo lo recomiendo” en sonido de rumba con algunos alaridos al estilo mariachi. Entonces se notó que hubo luz, más allá de que las velas ya terminaban de arder y, de a una, se iban apagando. De pie siguieron hasta el final de la canción –la anteúltima- y lejos de las sillas los vagos terminaron su ceremonia de sanación. Fue “Mambo” (autoría de Andrés Calamaro) lo que cerró el concepto sonoro y dejó un silencio sano en la, ahora nuevamente, sala.
VII
Los peregrinos de la ceremonia finalmente se pararon y muchos se miraban entre ellos, tenían la sensación de haber pasado por un estado de hermetismo que resultaba propio de una sanación. Lentamente fueron saliendo y el aire era distinto: ya sabían que estaban en el patio del Centro Cultural Islas Malvinas, que era domingo y que al otro día todo volvería a ser como antes.
-Chau, un gusto. Dijo el chico que estaba sentado delante de todo con barba, pelo peinado para atrás y pantalón hindú
-Chau, ¿ya te vas?, respondió ella. Como queriendo saber algo más sobre él, después de haber pasado juntos aquel momento que ya parecía lejano.
-Si si, fueron sus últimas palabras. Y se alejó
Quizá, él perdió en algún momento la esencia de Onda Vaga y no se dio una oportunidad, o tal vez creyó oportuno sólo el momento de la sanación/recital para la ocasión de buscar algo más en ella. Ya en la entrada al lugar, la chica miraba la cartelera para ver qué pasaría en el Centro Cultural la siguiente semana.
foto: Facundo Arroyo
dieño: Nahuel Torras
jueves, 19 de marzo de 2009
"Sheriff, que limpio el templo está"

Momo Sampler fue el último disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricotas. Fue “Momo-Sampler: un carnaval de la emulación”, según su mismo prólogo. Fue en el año 2000, después de pasar el miedo al cambio de milenio, antes de la caída de las torres en EE UU y de otro derrumbe social-político-cultural y económico en Argentina.
Fue una obra conceptual que presagiaba lo que se venía, fue la pluma zagas y acertada del Indio Solari (líder de Los Redondos), su mirada y transcripción del mundo, usando el lenguaje que más maneja: el de la calle –aunque ya no se lo vea en ella desde años-, donde las prostitutas pelean en los cordones su propio destino, los trajeados gastan el último aliento para su escape al más allá y en el cual los chorros -al igual que la policía- se sienten a gusto, en su jungla.
El disco fue “las últimas aventuras” sobre las tablas de un movimiento que empezó como vanguardia, y mostró otra manera de vivir en “el mercado de todo amor”. Desde antes de los duros años de plomo, hasta la peligrosa y costosa época de pizza con champagne. Fue la guerra fría (bajo el ala del mítico y oscuro disco Oktubre), fue otra explicación de la depresión de la década del 80’ y “El futuro llegó hace rato” –en el estribillo de Todo un Palo-, último tema de “Un Baión Para el Ojo Idiota” (1988).
Fue vida, muerte (escrito con el apellido Bulacio, -seguidor de la banda detenido después de un recital de la banda en el club Obras Sanitarias en 1991 y encontrado muerto producto del abandono policial en la comisaría-), otra vez vida en el disco Luzbelito y muerte de nuevo, para terminar un ciclo, en Momo Sampler. Este nombre compuesto fue un disco que cantó, canta y cantará contra “Susanita, tan bonita.”
Susanita y Los Redondos tienen algunos puntos en común. Susanita arrancó su carrera en el año 1969 con la publicidad del jabón “Cadum”, ahí había logrado entrar a donde quiso de chica. Por esos años Los redondos no existían como tal, pero el génesis a todo lo anteriormente escrito estaba en La Cofradía de la Flor Solar (una comunidad de músicos, intelectuales y artesanos fundada a mediados de los 60 en la Ciudad de La Plata) que sería el canal y polo de atracción para el nacimiento de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Patricio Rey miraba desde enfrente lo que Susanita disfrutaba. Él, quería hacer el cambio a lo que Susanita le sonreía. Ella, disfrutó que el futuro haya llegado hace rato, despegó en los tiempos de quietud en la sociedad argentina. Se calló, nunca vio y ni se le atravesó por la cabeza lo que Patricio Rey grito por última vez en Momo Sampler.
Hoy Susanita pide la pena de muerte para el que mata. Sin conocerse, con ópticas y sentimientos diferentes, el Indio Solari alertó, y aún lo sigue haciendo, todo lo que puede llegar a generar lo que alguien como Susanita pueda decir.
Hoy, también, ocho mil personas debaten en el portal de Facebook -mayoritariamente apoyando- los dichos de Susanita, en relación sobre para quiénes deben ser los derechos humanos. El Indio Solari durante una entrevista por la salida del disco Momo Sampler en el año 2000 dijo: “El concepto del álbum tiene que ver con este sistema medio travestido, esta hipocresía general, donde todo el mundo trata de sostener un estado de cosas que es farsesco. Tiene que ver con la emulación del carnaval”. Por estas horas, desde programas televisivos con caras visibles como las de Jorge Rial, Mauro Viale, el Facha Martel y una lista de nombres que continúa se sigue detrás de Susanita, que con su canción por momentos hipnotiza los medios de comunicación, instalando la agenda mediática desde esos espacios.
Por eso el esfuerzo en la comparación; la canción número ocho de Momo Sampler (“Sheriff”) canta : “ladrá! ladrá! y mordé!/ No permitas que pise mierda en mi jardín”, para resumir sarcásticamente lo que Susanita piensa :”No tienen norte, no tienen salvación/hacé el trabajo y redimilos, por favor/Que se mejoren allá en la eternidad.../partiles el buñuelo y quitá mi pena así”.
De ese disco también se desprenden frases como : “Están mis muertos, están tan lejos, de la pantalla en que vos te mirás”, de la demandante “Dr Saturno”. Pantalla, mirar, medios de comunicación, todo parece mezclarse en esa emulación de la que hablaba un simple cantante de rock, que pudo ver (seguramente como varios otros) que lo sucedido no es más que “el carnaval farasesco.”
dibujo: Nahuel Torras
lunes, 2 de marzo de 2009

Sólo es tiempo que muere
"La realidad tiene de más en más esta apariencia de pequeña pantalla"
Las prisiones, de momento buenas... después complican.
Por eso el andar, desafiarse y desafiarlo.
Avanzo, desde los costados voces miradas y silencios
La realidad baila con el destino.
Sentada, la casualidad mira resignada.
En un hálito, se para y entiende que la realidad no existe,
entonces empuja y se transforma, muta.
Ahora la causalidad es la que camina, en el pasado y el presente
Para irse hasta otra versión,
a donde la casualidad la llame a gritos
como en ésta, para matar a la ficcional realidad.
lunes, 16 de febrero de 2009
Entrevista exclusiva

Entrevista Exclusiva.
La habitación era la número 132 y el refugio que significaba para él cualquier lugar cerrado, le producía placer, ante tanta soledad popular.
Dentro de esas paredes, no había reglas ni normas. Por eso las secuelas, por eso las huellas de noches anteriores. Convivían las cucarachas (en la noche) con los restos de cocaína, crack y marihuana sobre la mesa de luz. Un tacho que hacía de escupidera en la cabecera de la cama mezclaba restos de pizzas, vómito y papeles. Los jugos gástricos se condensaban al final del balde y el olor se percibía sólo cerca de ese depósito de vergüenza.
Una guitarra exclusiva para él descansaba en el bañadera, sin ningún por qué definido. Decía que mientras el instrumento estuviera en el baño, absorvería todas las energías necesarias para transmitir lo que él ya no podía darle. Por sus excesos y resacas continuas.
“Todo lo que dejamos nosotros termina en los baños, por eso está ahí”. Respondió durante la entrevista. “En ese lugar vive lo bueno del hombre y lo malo, ahí me arreglo, me destruyo y me vuelvo a arreglar”, respondía. Mientras señalando, se dejaba notar bajo su brazo las marcas de los pinchazos de heroína. Las venas querían escapar. Le aparecían calles moradas e hinchadas que corrían desesperadas por sus extremidades totalmente consumidas, más cercana a cualquier desnutrido de algún país africano que al de una estrella musical.
Esa tarde parecía obsesionado con el baño, quiso terminar la entrevista sentado en el inodoro, mientras yo, parado frente al bidet (desde donde se veía un líquido verdoso algo marrón pegado –de varios días seguramente- en el fondo de ese elemento) lo miraba y entendía que él ya no tenía más lugar a donde escapar.
“¿Sentís el olor que hay acá?, es especial. Casi mágico. Pero no en el de la belleza que creen todos. La mierda, el moho que se hace en el cielo raso, el papel higiénico mojado. Las partículas que largan los algodones con sangre, mezclado con las hormigas que aparecen. Hacen una atmosfera perfecta”, fue algo de lo que dijo.
A veces fijaba su punto, al fondo del desagüe de la bañadera, del bidet o el inodoro. “¿Sabés a donde va a parar todo esto? A nosotros mismos. Dentro nuestro tenemos meo de rata, restos de mierda propia, pero también ajena y cuántas basuras más. Y cuando lo entendamos, todos nos vamos a llevar mejor y nadie va a discriminar al otro y todos vamos a ser la misma escoria. Como ahora, pero entendiéndolo. Entonces no nos va a molestar revolver la basura, pelear contra los perros enfermos, patear ratas, y luchar contra los gatos por el destino de sus presas”.
Y así corrió el resto de lo que era mi reportaje exclusivo, entre escupidas, incorduras, olores inolvidables y retazos de ideología escatológica. A la noche dio su mejor recital en la historia. La madrugada lo encontró demasiado cerca de la basura y le gustó tanto que amaneció en la bañadera (esa que a la tarde había estado mirando en una fijación propia de un suicida, antes de saltar al vacío) muerto y asfixiado por su propio vómito. Drogas, alcohol, y palomas que miraban desde la ventana fue lo único que se escribió en esa mañana, junto a su cuerpo que pesaba en el mármol, custodiado y sobrevolado por moscas. Él fue titular, de los policiales. Yo jamás pude publicar mi entrevista exclusiva. Tenía razón, la basura es parte inseparable de nosotros.
jueves, 12 de febrero de 2009
Efeméride

GRAFFITI
Tantas cosas que empiezan y acaso acaban como un juego, supongo que te hizo gracia encontrar el dibujo al lado del tuyo, lo atribuiste a una casualidad o a un capricho y sólo la segunda vez te diste cuenta de que era intencionado y entonces lo miraste despacio, incluso volviste más tarde para mirarlo de nuevo, tomando las precauciones de siempre: la calle en su momento más solitario, ningún carro celular en las esquinas próximas, acercarse con indiferencia y nunca mirar los graffiti de frente sino desde la otra acera o en diagonal, fingiendo interés por la vidriera de al lado, yéndote enseguida.
Tu propio juego había empezado por aburrimiento, no era en verdad una protesta contra el estado de cosas en la ciudad, el toque de queda, la prohibición amenazante de pegar carteles o escribir en los muros. Simplemente te divertía hacer dibujos con tizas de colores (no te gustaba el término graffiti, tan de crítico de arte) y de cuando en cuando venir a verlos y hasta con un poco de suerte asistir a la llegada del camión municipal y a los insultos inútiles de los empleados mientras borraban los dibujos. Poco les importaba que no fueran dibujos políticos, la prohibición abarcaba cualquier cosa, y si algún niño se hubiera atrevido a dibujar una casa o un perro, lo mismo lo hubieran borrado entre palabrotas y amenazas. En la ciudad ya no se sabía demasiado de qué lado estaba verdaderamente el miedo; quizá por eso te divertía dominar el tuyo y cada tanto elegir el lugar y la hora propicios para hacer un dibujo.
Nunca habías corrido peligro porque sabías elegir bien, y en el tiempo que transcurría hasta que llegaban los camiones de limpieza se abría para vos algo como un espacio más limpio donde casi cabía la esperanza. Mirando desde lejos tu dibujo podías ver a la gente que le echaba una ojeada al pasar, nadie se detenía por supuesto pero nadie dejaba de mirar el dibujo, a veces una rápida composición abstracta en dos colores, un perfil de pájaro o dos figuras enlazadas. Una sola vez escribiste una frase, con tiza negra: A mí también me duele. No duró dos horas, y esta vez la policía en persona la hizo desaparecer. Después solamente seguiste haciendo dibujos.
Cuando el otro apareció al lado del tuyo casi tuviste miedo, de golpe el peligro se volvía doble, alguien se animaba como vos a divertirse al borde de la cárcel o algo peor, y ese alguien por si fuera poco era una mujer. Vos mismo no podías probártelo, había algo diferente y mejor que las pruebas más rotundas: un trazo, una predilección por las tizas cálidas, un aura. A lo mejor como andabas solo te imaginaste por compensación; la admiraste, tuviste miedo por ella, esperaste que fuera la única vez, casi te delataste cuando ella volvió a dibujar al lado de otro dibujo tuyo, unas ganas de reír, de quedarte ahí delante como si los policías fueran ciegos o idiotas.
Empezó un tiempo diferente, más sigiloso, más bello y amenazante a la vez. Descuidando tu empleo salías en cualquier momento con la esperanza de sorprenderla, elegiste para tus dibujos esas calles que podías recorrer en un solo rápido itinerario; volviste al alba, al anochecer, a las tres de la mañana. Fue un tiempo de contradicción insoportable, la decepción de encontrar un nuevo dibujo de ella junto a alguno de los tuyos y la calle vacía, y la de no encontrar nada y sentir la calle aún más vacía. Una noche viste su primer dibujo solo; lo había hecho con tizas rojas y azules en una puerta de garaje, aprovechando la textura de las maderas carcomidas y las cabezas de los clavos. Era más que nunca ella, el trazo, los colores, pero además sentiste que ese dibujo valía como un pedido o una interrogación, una manera de llamarte. Volviste al alba, después que las patrullas ralearon en su sordo drenaje, y en el resto de la puerta dibujaste un rápido paisaje con velas y tajamares; de no mirarlo bien se hubiera dicho un juego de líneas al azar, pero ella sabría mirarlo. Esa noche escapaste por poco de una pareja de policías, en tu departamento bebiste ginebra tras ginebra y le hablaste, le dijiste todo lo que te venía a la boca como otro dibujo sonoro, otro puerto con velas, la imaginaste morena y silenciosa, le elegiste labios y senos, la quisiste un poco.
Casi enseguida se te ocurrió que ella buscaría una respuesta, que volvería a su dibujo como vos volvías ahora a los tuyos, y aunque el peligro era cada vez mayor después de los atentados en el mercado te atreviste a acercarte al garaje , a rondar la manzana, a tomar interminables cervezas en el café de la esquina. Era absurdo porque ella no se detendría después de ver tu dibujo, cualquiera de las muchas mujeres que iban y venían podía ser ella. Al amanecer del segundo día elegiste un paredón gris y dibujaste un triángulo blanco rodeado de manchas como hojas de roble; desde el mismo café de la esquina podías ver el paredón (ya habían limpiado la puerta del garaje y una patrulla volvía y volvía rabiosa), al anochecer te alejaste un poco pero eligiendo diferentes puntos de mira, desplazándote de un sitio a otro, comprando mínimas cosas en las tiendas para no llamar demasiado la atención. Ya era noche cerrada cuando oíste la sirena y los proyectores te barrieron los ojos. Había un confuso amontonamiento junto al paredón, corriste contra toda sensatez y sólo te ayudó el azar de un auto dando la vuelta a la esquina y frenando al ver el carro celular, su bulto te protegió y viste la lucha, un pelo negro tironeado por manos enguantadas, los puntapiés y los alaridos, la visión entrecortada de unos pantalones azules antes de que la tiraran en el carro y se la llevaran.
Mucho después (era horrible temblar así, era horrible pensar que eso pasaba por culpa de tu dibujo en el paredón gris) te mezclaste con otras gentes y alcanzaste a ver un esbozo en azul, los trazos de ese naranja que era como su nombre o su boca, ella ahí en ese dibujo truncado que los policías habían borroneado antes de llevársela; quedaba lo bastante para comprender que había querido responder a tu triángulo con otra figura, un círculo o acaso una espiral, una forma llena y hermosa, algo como un sí o un siempre o un ahora.
Lo sabías muy bien, te sobraría tiempo para imaginar los detalles de lo que estaría sucediendo en el cuartel central; en la ciudad todo eso rezumaba poco a poco, la gente estaba al tanto del destino de los prisioneros, y si a veces volvían a ver a uno que otro, hubieran preferido no verlos y que al igual que la mayoría se perdieran en ese silencio que nadie se atrevía a quebrar. Lo sabías de sobra, esa noche la ginebra no te ayudaría más que a morderte las manos, a pisotear las tizas de colores antes de perderte en la borrachera y el llanto.
Sí, pero los días pasaban y ya no sabías vivir de otra manera. Volviste a abandonar tu trabajo para dar vueltas por las calles, mirar fugitivamente las paredes y las puertas donde ella y vos habían dibujado. Todo limpio, todo claro; nada, ni siquiera una flor dibujada por la inocencia de un colegial que roba una tiza en la clase y no resiste al placer de usarla. Tampoco vos pudiste resistir, y un mes después te levantaste al amanecer y volviste a la calle del garaje. No había patrullas, las paredes estaban perfectamente limpias; un gato te miró cauteloso desde un portal cuando sacaste las tizas y en el mismo lugar, allí donde ella había dejado su dibujo, llenaste las maderas con un grito verde, una roja llamarada de reconocimiento y de amor, envolviste tu dibujo con un óvalo que era también tu boca y la suya y la esperanza. Los pasos en la esquina te lanzaron a una carrera afelpada, al refugio de una pila de cajones vacíos; un borracho vacilante se acercó canturreando, quiso patear al gato y cayó boca abajo a los pies del dibujo. Te fuiste lentamente, ya seguro, y con el primer sol dormiste como no habías dormido en mucho tiempo.
Esa misma mañana miraste desde lejos: no lo habían borrado todavía. Volviste a mediodía: casi inconcebiblemente seguía ahí. La agitación en los suburbios (habías escuchado los noticiosos) alejaba a las patrullas urbanas de su rutina; al anochecer volviste a verlo como tanta gente lo había visto a lo largo del día. Esperaste hasta las tres de la mañana para regresar, la calle estaba vacía y negra. Desde lejos descubriste el otro dibujo, sólo vos podrías haberlo distinguido tan pequeño en lo alto y a la izquierda del tuyo. Te acercaste con algo que era sed y horror al mismo tiempo, viste el óvalo naranja y las manchas violeta de donde parecía saltar una cara tumefacta, un ojo colgando, una boca aplastada a puñetazos. Ya sé, ya sé, ¿pero qué otra cosa hubiera podido dibujarte? ¿Qué mensaje hubiera tenido sentido ahora? De alguna manera tenía que decirte adiós y a la vez pedirte que siguieras. Algo tenía que dejarte antes de volverme a mi refugio donde ya no había ningún espejo, solamente un hueco para esconderme hasta el fin en la más completa oscuridad, recordando tantas cosas y a veces, así como había imaginado tu vida, imaginando que hacías otros dibujos, que salías por la noche para hacer otros dibujos.
JULIO CORTÁZAR. 1914-1984
lunes, 2 de febrero de 2009
La canción
Tenía todas las canciones por escuchar, pero un día fue un chau. Llegó a su techo antes de lo previsto y sin decir nada se perdió. Lo buscaron tanto que nunca lo encontraron.
Fue una balada y un duro punk. Siempre miró de cera al rock, tanto que lo llamó y él apareció. Le trajo a todos ellos y él agradeció, le mostró otro ruido y él lo escuchó. Cuando el rock se fue quedó así, lejos de todos.
Algunos lo ven cada tanto (pero sólo en partes), otros prefieren creer que es su rock otra vez. Pero él -como el rock- ya se fue. Hay quien dice que para siempre. Volverán algún día y esa va a ser su primera canción...
Fue una balada y un duro punk. Siempre miró de cera al rock, tanto que lo llamó y él apareció. Le trajo a todos ellos y él agradeció, le mostró otro ruido y él lo escuchó. Cuando el rock se fue quedó así, lejos de todos.
Algunos lo ven cada tanto (pero sólo en partes), otros prefieren creer que es su rock otra vez. Pero él -como el rock- ya se fue. Hay quien dice que para siempre. Volverán algún día y esa va a ser su primera canción...
domingo, 1 de febrero de 2009
"... confusamente consciente de que estaba haciendo algo que desde hace mucho tiempo deseaba que se pudiera hacer, pero que nunca se había imagiando que en realidad se pudiera hacer, sin saber cómo lo estaba haciendo porque no sabía dónde estaban los pies y dónde la cabeza, ni los pies de quién ni la cabeza de quién, y sintiendo que que no podía resistir más el rumor glacial de sus riñones y el aire de sus tripas, y el miedo, y el ansia atolondrada de huir y al mismo tiempo de quedarse para siempre en aquel silencio exasperado y aquella soledad espantosa."
G. Márquez
G. Márquez
viernes, 2 de enero de 2009
Anotado
viernes, 19 de diciembre de 2008
Cosa rara (dic 01)

Dientes de cordero
Dientes de cordero, sobre la ciudad
árboles de fuego, para navidad.
ollas que destellan, en la noche azul
abollada estrella, vieja cruz del sur.
los lobos ahora se excitan, tiemblan frente a la tv
aunque el plan va saliendo aprisa,
el plan va saliendo bien.
dientes de cordero, cruzan la ciudad
gritan su deseo de justicia y libertad.
Despertar de un sueño turco y sin nariz
carnaval del hambre, se fue la perdíz.
piquetes y horcas, muerte en el corral
el poder es ciego, no puede escuchar.
me duele la risa, me duele cantar,
basta de cornisas, basta de saltar.
y ahora quien se viene, y ahora quien se va,
dientes de cordero, muerdan sin soltar.
Sangre en la vereda, en el palacio gris
sangre en la escalera, en la tuya bajo tu nariz.
miles de pueblitos-villa, crecen en el interior,
feudos medievales donde, te llaman "señor"
la escuela no abre, cierra el hospital
sentis el latido lobo, en la yugular.
me duele la risa, me duele cantar,
basta de cornisas, basta de saltar.
y ahora quien se viene, y ahora quien se va
dientes de cordero, muerdan sin soltar...
luz de nacimiento
sea tu dolor
que la noche es larga y
como quema el sol!
martes, 16 de diciembre de 2008
Korso Gomes en De Garage dic

Korso Gomes
La eterna arma de descarga
En una encrucijada ante la chance de entrar a la escena más comercial del rock como fruto de su último disco “Nuestro cuarto de hora!?” Galo y Lucas Gomes, siguen defendiendo al músico independiente y sólo entienden lo que le pasa a la banda como un orgullo. De lo independiente, claro.
Por Facundo Cottet
“Korso Gomes es un lugar que nos da la posibilidad de decir y expresar lo que pensamos” explica en partes Lucas Gomes (guitarra). Después suma: “Eso te da la chance de poder opinar. Otras personas, no tienen los medios para opinar y bueno nosotros lo hacemos desde la música.”
La banda que ya lleva 12 años de vida, tiene bajo el brazo su cuarto disco. Un trabajo que hizo que Los Gomes suenen en la radio “destacada” del rock comercial, que “Nuestro cuarto de hora!?” (nombre de la placa) descanse en un proyecto de productora francesa o que el video del primer tema (Basta!) se vea en algunas rotaciones de canales musicales.
¿Sienten que les llegó su cuarto de hora?
Lucas: Es un juego de palabras, en ese momento éramos cuatro, estábamos entre cuatro paredes, era el cuarto disco. Creo que por eso.
Galo: El nombre podría haber sido también “Una mancha más al tigre” o “Metele que son pasteles”.Se nos están dando las cosas porque las estamos haciendo bien. Por ahí otros años no nos movíamos tanto y creo que ahora estamos dejando todo por la banda.
¿Cómo llegan al cuarto disco a diferencia de los anteriores?
Galo: Esta fue la mejor experiencia de todos los discos que grabamos, porque fuimos a grabar a un estudio (Sonosfera) todas las tomas de micrófonos y lo mezclamos acá (sala de ensayo de Korso). Nos dimos el lujo de tomarnos el tiempo que quisiéramos, para agregarle cosas y demás. No nos apuraba nadie.
Lucas: Más que nada buscar el sonido que realmente nos conforme y aprender.
¿Qué fue lo que aprendieron?
Lucas: Obviamente que uno va aprendiendo de los errores. Nosotros le metimos un montón de cosas. El tema de introducciones, samplers, efectos. Con este disco descubrimos mucho.
Galo: Como cuarto disco aprendimos de un montón de errores. Por ejemplo, la próxima vez que vayamos a mezclar tenemos que conformar un sonido homogéneo y no delirarnos tanto. Pero estuvo bueno porque hicimos lo que quisimos.
¿A qué apuntaron con los temas nuevos en cuanto la elección final?
Galo: Son temas que veníamos tocando, hay covers (El ojo blindado de Sumo) y también quedaron temas afuera. Pero once temas están bien para el disco.
Lucas: Hubo muchos cambios en la banda y entonces a veces es jodido ahondar criterios. Siempre para cada disco nos pasó más o menos lo mismo: armamos la formación, tocábamos todo lo que podíamos y después íbamos a grabar el disco.
La banda que hace base en el ska-punk con la voz de Galo siempre al frente, apoyada en los coros y vientos que antes no había, se mueve donde más cómoda se siente. Con una bajada de línea a nivel social sin muchas vueltas, explota su costado más crudo. Desde ahí atacan a la televisión, la clase dirigente, la iglesia y la institución familiar. Temas como “Basta!”, “Abre tus ojos” o “Nada igual” son algunas huellas de esto.
La carga social parece estar siempre presente en el disco ¿Están cansados de todo?
Galo: Las letras son un poco contestatarias, en ese sentido es un poco explosivo. Nosotros más que nada tratamos de mezclar dos cosas. Primero divertirnos y segundo no ser ajeno a la realidad. Te podés divertir dando un mensaje y siempre siendo realista, tampoco vamos a decir que está todo bien.
Lucas: Hay letras que son contestarias pero también proponen, intentan hacer pensar. Y que mañana va a ser un poco mejor. No somos como los Sex Pistols que decían “No future”. Igual nos gustan Los Pistols eh.
Desde su página web dicen que no todo es tan lindo ni color de rosa en el mundo de la música. ¿A qué viene esto?
Galo: El mundo de la música es como el mundo de las vedettes. Está el mismo puterío, la misma envidia. Hay gente de mierda, pero también hay gente copada. Nosotros tocamos con muchas bandas “grandes” y su ego los hace elevarse y el día que se caigan se van a suicidar.
Lucas: No todos los productores y manager pelean por los derechos del músico. Viven del músico y si hay que voltear cabezas lo hacen, no les importa nada. Igual, eso en algunas personas. También por el hecho de negociar con bolicheros, managers por medio, productores. Siempre hay transas de por medio y es complicado.
¿Y cómo es mirar de cerca al circuito comercial y empezar a sonar en radios y canales de música?
Lucas: Es complicado el hecho de cuando no estás en una discográfica y sos independiente es difícil entrar a ciertos lugares. Entonces hay lugares que sólo se manejan con una discográfica y si vos no vas por Emi o Universal ponele, no entrás. Y es una lucha muy desigual, porque estás laburando vos sólo y viene una productora con una banda de mierda y los ponen a ellos primeros
Galo: Yo le preguntaba a la gente de la rock and pop cómo había que hacer para sonar en el programa de Pergolini y me decían que hay que entrar por productora. Por más que suene de la ostia. Hay muchos medios que por ahí uno escucha muy seguido y decís ‘porqué no suenan las bandas de La Plata o las que recién están empezando’. Y es por eso mismo, porque no están en una multinacional.
Entonces quieren vivir de la música
Lucas: Es relativo, uno hace lo que le gusta y si a la gente le gusta punto, ya está.
Galo: Nosotros que la venimos luchando hace un montón sí. Ensayamos tres veces por semana, pero si pudiéramos ensayar todos los días lo haríamos, y si le dedicaríamos más tiempo tendríamos más temas. Además es lo que nos gusta desde hace rato.
¿Qué es para ustedes Korso Gomes?
Lucas: Todo. Él (Galo) es Korso y yo soy Gomes
Galo: Yo creo que es un arma de descarga. En vez de ir al psicólogo, tocamos en vivo y gastamos adrenalina a lo loco. También es un gastadero de plata, pero eso es otra historia. (Risas finales)
“Nuestro cuarto de hora!?” llevó a la banda a una posibilidad de mini gira europea para el 2009. Pero ironizando y riéndose de ellos mismos ya desde su arte de tapa, con una tortuga con la intención de querer caminar por una ciudad en su atardecer, el reverso del disco retrata al mismo animal, frustrado, yéndose de la escena. Como entendiendo que nada era como lo imaginaban y que esa ciudad fue sólo -y una vez más- un prolijo dibujo. De esos que se borran rápido
lunes, 8 de diciembre de 2008
Hubiese estado bien
Alguna vez, tuviste esa sensación de vacío, de que todo en lo que creías se caía y no podías pararte ante esa ruina? A lo mejor eras vos, depsertando. Esa idea que corría por tu cabeza, que jugaba de visitante para después ser local siempre. Que nunca creíste posible, pero fue.
Alguna vez creiste? Por la convicción misma de la fuerza, como motor que todo impulsa. No en religiones o sí, pero en vos cuando creíste realmente
Alguna vez soñaste despierto?
Alguna vez despertaste?
A veces la que te toca es la que querés, pero sólo por austeridad.
Alguna vez creiste? Por la convicción misma de la fuerza, como motor que todo impulsa. No en religiones o sí, pero en vos cuando creíste realmente
Alguna vez soñaste despierto?
Alguna vez despertaste?
A veces la que te toca es la que querés, pero sólo por austeridad.
martes, 11 de noviembre de 2008
Final feliz
Diego mete la mano en el bolsillo trasero del pantalón, saca un papel arrugado que dice Pau y tiene un teléfono,no sabe si el segundo número es un tres o un ocho pero deja ese papel arriba del televisor. Sabe que en un rato lo va a volver a mirar y taratará de acordarse cómo llegó a su pantalón. Abre la ventana y las nubes están radiantes porque no tapan al sol, le hacen compañía y él les da brillo. La radio escupe un informativo que Diego nunca escucha entero. Casi siempre deja todo a mitad de camino y lo sabe.
Desde no parar a escuchar sólo tres mintuos de radio a no decirle a su novia Tamara lo que realmente siente . Ella, también sabe como es Diego y no espera que termine lo que un día empezó, pero lo acepta. Quizá porque no tiene otra alternativa, porque en su casa nadie la escucha y como ahi no esperan nada de ella, ella tampoco espera mucho de los demás.
Mira el reloj, ya es tarde para desayunar y temprano para almorzar. Entonces resta esperar. Hojea una revista de hace un mes que llevaron sus padres un domingo de visita. Intenta barrer la cocina- living- comedor de su pequeño y primer departamento. Pasa una franela al televisor (que jamás anduvo, porque se lo trajo de la calle un día) y entonces vuelve al principio: agarra el papel, mira su celular, se fija la hora y se acerca el almuerzo. El número que fijura en ese papel arrugado corresponde a un teléfono fijo. No hay mensaje de texto que valga.
Llama, no pierde nada. Primero prueba con un tres y atiende una voz femenina que le dice hola (claro, que le iba decir), pero el tono se asemeja a una señora, grande. De más de sesenta. No se anima a hablar y corta. Después deja el número arriba del televisor otra vez y ahí lo abandona.
A la tarde pasa Tamara por su departamento y después de un poco de amor, comienza el terror para Diego. Su novia ve el papel con el nombre de Pau (Diego nunca termina lo que empieza y ese tedioso número sigue ahí, donde lo dejó). Entonces ella se va del departamento que ahora para Diego es inmenso y silencioso. Un impulso hace que termine algo: escuchar entero el resumen de noticias. Por eso se abriga y agarra su bicicleta para salir. Se enteró que no hay colectivos por una huelga de choféres y que el frío extrañamente revienta a la ciudad en esa época del año. Nunca probó con el número ocho para saber quién era Pau, tampoco supo más nada de Tamara.
Desde no parar a escuchar sólo tres mintuos de radio a no decirle a su novia Tamara lo que realmente siente . Ella, también sabe como es Diego y no espera que termine lo que un día empezó, pero lo acepta. Quizá porque no tiene otra alternativa, porque en su casa nadie la escucha y como ahi no esperan nada de ella, ella tampoco espera mucho de los demás.
Mira el reloj, ya es tarde para desayunar y temprano para almorzar. Entonces resta esperar. Hojea una revista de hace un mes que llevaron sus padres un domingo de visita. Intenta barrer la cocina- living- comedor de su pequeño y primer departamento. Pasa una franela al televisor (que jamás anduvo, porque se lo trajo de la calle un día) y entonces vuelve al principio: agarra el papel, mira su celular, se fija la hora y se acerca el almuerzo. El número que fijura en ese papel arrugado corresponde a un teléfono fijo. No hay mensaje de texto que valga.
Llama, no pierde nada. Primero prueba con un tres y atiende una voz femenina que le dice hola (claro, que le iba decir), pero el tono se asemeja a una señora, grande. De más de sesenta. No se anima a hablar y corta. Después deja el número arriba del televisor otra vez y ahí lo abandona.
A la tarde pasa Tamara por su departamento y después de un poco de amor, comienza el terror para Diego. Su novia ve el papel con el nombre de Pau (Diego nunca termina lo que empieza y ese tedioso número sigue ahí, donde lo dejó). Entonces ella se va del departamento que ahora para Diego es inmenso y silencioso. Un impulso hace que termine algo: escuchar entero el resumen de noticias. Por eso se abriga y agarra su bicicleta para salir. Se enteró que no hay colectivos por una huelga de choféres y que el frío extrañamente revienta a la ciudad en esa época del año. Nunca probó con el número ocho para saber quién era Pau, tampoco supo más nada de Tamara.
Foto extraída del blog de Ana Clara Bórmida : http://www.quemundohostil.blogspot.com
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Cuatro años de Se Va El Camello

Crónica del recital camello en su cumpleaños número 4, para la sección Pogo del diario de De Garage
Cuatro años de Se Va El Camello
Sentimiento y realidad
Sentimiento y realidad
Por Facundo Cottet
En una de las esquinas de 44 y 22 unos pibes están sentados, enfrente un kiosco 24hs atiende con una cola de diez personas esperando, desde el otro lado la llama de un encendedor lucha por sobrevivir y se mantiene unos segundos brillando hasta que pasa un patrullero y se apaga. En la cuadra de 44 entre 22 y 23 casi no hay lugar para estacionar. El Club de Rock pone unas vallas (aunque no son tan necesarias), para marcar la entrada. Unos muchachos grandotes cortan la entrada. Ahora, ya son las 02.00 Am de un nuevo día: sábado 4 de octubre. En el bar-boliche (Club de Rock) toca Sin Anestesia, la gente entra. Pero adelante, más cerca del escenario ya está todo copado y casi no hay lugar para alguien que sólo quiera ver a Se Va El Camello, sin saltar. Adelante se agita, esa es la premisa.
Un agite que arranca a las 02.26, cuando las luces se apagan y una pantalla empieza a disparar fotos, con una música loca de fondo, mechado con un video casero de los chicos. Sí son chicos, los seis camellos no pasan los diecinueve años promedio. ¿Y eso qué? ¿Tiene algún impedimento? ¿Es un prejuicio para algunos? Si la respuesta es si, las 600 personas reunidas esa noche, demostraron todo lo contrario. Los prejuicios por la edad quedan de lado entonces.
Una zapada –ensayada- arranca y entra el primer tema: es “Vamos llegando”, de su disco “Mil cumbias y Rocanroles”. La armónica invitada de Chavo (Flower Power) se conecta con la banda como si formara parte. Y el aguante se siente, sobre todo adelante, -donde hace más calor, obvio-. El invitado sigue sobre las alturas del escenario para tocar la segunda canción de la noche que es “Desbordar”. Con el uso de metáforas constante, Manu Rodríguez canta con cierta resignación juvenil “Vuelo en este cielo que no deja despegar/sufro el desarraigo y ya me empiezo a desbordar…”. Pero desde abajo se salta, canta y acompaña como si nada de esto fuera escuchado. Es que la melodía pegadiza y festiva hace olvidar el sentido.
El primero de varios agradecimientos comienza. En el correr de la noche serán agradecidas las familias, los invitados y, por supuesto, la gente. Los Camellos no se olvidan de la gente que cada vez es más en sus shows.
Llega “Bolsillo”, un tema viejo, que sólo algunos saben, le sigue uno nuevo (“Fiesta en color”) en una fusión cuarteto ska. Desde abajo una bandera firmada por la localidad de Los Hornos escribe: “Si miras para abajo ‘nos’ vas ver”, ese trapo llega al escenario y suena “Sembrás raíz”. Toda una conexión cuando el estribillo grita “Si miras para abajo no vas a ver”. Para verlos la mirada siempre se tiene que dirigir hacia arriba. Así es la arquitectura en este lugar.
Los muchachos grandotes de la entrada ahora están mirando el recital y “trabajando”. Entonces sacan a un pibe de la multitud “para hablar”. Al rato, el expulsado vuelve a entrar a pedido de la banda. Queriendo darle un estilo propio a la versión de “La Rubia Tarada”, aparece el segundo invitado. Se trata de Nacho Bruno (voz de Narvales) que casi hablándola participa de la sesión. Termina el tema y desde abajo el “Luca no se murió, que se muera Ceratti…” tímidamente se canta. Por poco tiempo, con el poder del micrófono el cantante Camello advierte : “Que no se muera nadie loco, todos hacemos música”. El canto tribunero termina.
La noche corre entre más invitados, no es de extrañar después de todo se trata de un cumpleaños. Y ahí llega quién fue el preceptor de los chicos en las antiguas horas escolares. Es Ale, de Encías Sangrantes, con acordeón sobre el pecho para acompañar a Manu en “A tus vivencias” mostrando el costado rioplatense. El sangrantes siguió arriba y la cumbia entró rogando baile a la gente con “Saber que se va”. Desde atrás, el pedido se escuchó y algunos encontraron el momento para la cadencia bailable, y si es de a dos mejor.
“Vagón por vagón”, tema que no aparece en el disco, y el pulso constante de violas es la muestra, quizá, de una maduración a nivel musical. El escenario se llena de gente, suben Juan Calabró (Don Lunfardo) y Cocucha (Vieja Bis). El primero, casi de espalda todo el tema, en guitarra sucia para distorsionar, el segundo en voz para cantar “Corazón acelerado”. Se escucha un solo de Tomas Rusconi que se distingue del resto y es un buen momento de la noche.
Un parecido a Muévelo de Los Piojos se mezcla con “De uno más (el barrio y la amistad)”, después el último amigo aparece en escena. Es Peppo, guitarrista de la Vieja Bis, para hacer “Diagonales”. Al principio no puede entrar pero, atento, Manu le tira los acordes y ya la viola se pierde en el sonido Camello.
Las seiscientas personas le cantan el feliz cumpleaños a la banda y el final se aproxima. De corrido tiran “Mil cumbias y rocanroles” , canción que lleva el nombre del disco, un tema nuevo, “Zapatillas” (sin ensayar, avisan), “Pegaba más piola” y una frase que marca el momento de la banda “oigo flash exagerado de estos viejos tiempos nuevos”. El recital terminó con la oculta “Para para papa”, sobre las 4 de la mañana. Se Va el Camello cumplió cuatro años, es más lo que tienen por delante que lo que ya cargan sobre sus espaldas. Este aniversario fue la consagración de unos adolescentes que entienden “la locura y las ganas de viajar”.
En una de las esquinas de 44 y 22 unos pibes están sentados, enfrente un kiosco 24hs atiende con una cola de diez personas esperando, desde el otro lado la llama de un encendedor lucha por sobrevivir y se mantiene unos segundos brillando hasta que pasa un patrullero y se apaga. En la cuadra de 44 entre 22 y 23 casi no hay lugar para estacionar. El Club de Rock pone unas vallas (aunque no son tan necesarias), para marcar la entrada. Unos muchachos grandotes cortan la entrada. Ahora, ya son las 02.00 Am de un nuevo día: sábado 4 de octubre. En el bar-boliche (Club de Rock) toca Sin Anestesia, la gente entra. Pero adelante, más cerca del escenario ya está todo copado y casi no hay lugar para alguien que sólo quiera ver a Se Va El Camello, sin saltar. Adelante se agita, esa es la premisa.
Un agite que arranca a las 02.26, cuando las luces se apagan y una pantalla empieza a disparar fotos, con una música loca de fondo, mechado con un video casero de los chicos. Sí son chicos, los seis camellos no pasan los diecinueve años promedio. ¿Y eso qué? ¿Tiene algún impedimento? ¿Es un prejuicio para algunos? Si la respuesta es si, las 600 personas reunidas esa noche, demostraron todo lo contrario. Los prejuicios por la edad quedan de lado entonces.
Una zapada –ensayada- arranca y entra el primer tema: es “Vamos llegando”, de su disco “Mil cumbias y Rocanroles”. La armónica invitada de Chavo (Flower Power) se conecta con la banda como si formara parte. Y el aguante se siente, sobre todo adelante, -donde hace más calor, obvio-. El invitado sigue sobre las alturas del escenario para tocar la segunda canción de la noche que es “Desbordar”. Con el uso de metáforas constante, Manu Rodríguez canta con cierta resignación juvenil “Vuelo en este cielo que no deja despegar/sufro el desarraigo y ya me empiezo a desbordar…”. Pero desde abajo se salta, canta y acompaña como si nada de esto fuera escuchado. Es que la melodía pegadiza y festiva hace olvidar el sentido.
El primero de varios agradecimientos comienza. En el correr de la noche serán agradecidas las familias, los invitados y, por supuesto, la gente. Los Camellos no se olvidan de la gente que cada vez es más en sus shows.
Llega “Bolsillo”, un tema viejo, que sólo algunos saben, le sigue uno nuevo (“Fiesta en color”) en una fusión cuarteto ska. Desde abajo una bandera firmada por la localidad de Los Hornos escribe: “Si miras para abajo ‘nos’ vas ver”, ese trapo llega al escenario y suena “Sembrás raíz”. Toda una conexión cuando el estribillo grita “Si miras para abajo no vas a ver”. Para verlos la mirada siempre se tiene que dirigir hacia arriba. Así es la arquitectura en este lugar.
Los muchachos grandotes de la entrada ahora están mirando el recital y “trabajando”. Entonces sacan a un pibe de la multitud “para hablar”. Al rato, el expulsado vuelve a entrar a pedido de la banda. Queriendo darle un estilo propio a la versión de “La Rubia Tarada”, aparece el segundo invitado. Se trata de Nacho Bruno (voz de Narvales) que casi hablándola participa de la sesión. Termina el tema y desde abajo el “Luca no se murió, que se muera Ceratti…” tímidamente se canta. Por poco tiempo, con el poder del micrófono el cantante Camello advierte : “Que no se muera nadie loco, todos hacemos música”. El canto tribunero termina.
La noche corre entre más invitados, no es de extrañar después de todo se trata de un cumpleaños. Y ahí llega quién fue el preceptor de los chicos en las antiguas horas escolares. Es Ale, de Encías Sangrantes, con acordeón sobre el pecho para acompañar a Manu en “A tus vivencias” mostrando el costado rioplatense. El sangrantes siguió arriba y la cumbia entró rogando baile a la gente con “Saber que se va”. Desde atrás, el pedido se escuchó y algunos encontraron el momento para la cadencia bailable, y si es de a dos mejor.
“Vagón por vagón”, tema que no aparece en el disco, y el pulso constante de violas es la muestra, quizá, de una maduración a nivel musical. El escenario se llena de gente, suben Juan Calabró (Don Lunfardo) y Cocucha (Vieja Bis). El primero, casi de espalda todo el tema, en guitarra sucia para distorsionar, el segundo en voz para cantar “Corazón acelerado”. Se escucha un solo de Tomas Rusconi que se distingue del resto y es un buen momento de la noche.
Un parecido a Muévelo de Los Piojos se mezcla con “De uno más (el barrio y la amistad)”, después el último amigo aparece en escena. Es Peppo, guitarrista de la Vieja Bis, para hacer “Diagonales”. Al principio no puede entrar pero, atento, Manu le tira los acordes y ya la viola se pierde en el sonido Camello.
Las seiscientas personas le cantan el feliz cumpleaños a la banda y el final se aproxima. De corrido tiran “Mil cumbias y rocanroles” , canción que lleva el nombre del disco, un tema nuevo, “Zapatillas” (sin ensayar, avisan), “Pegaba más piola” y una frase que marca el momento de la banda “oigo flash exagerado de estos viejos tiempos nuevos”. El recital terminó con la oculta “Para para papa”, sobre las 4 de la mañana. Se Va el Camello cumplió cuatro años, es más lo que tienen por delante que lo que ya cargan sobre sus espaldas. Este aniversario fue la consagración de unos adolescentes que entienden “la locura y las ganas de viajar”.
La Flower Power en De Garage

Nota del diario de rock De Garage para el mes de noviembre
La Flower Power
“La gente nunca sabe lo que se puede llegar a encontrar con nosotros”
Cumpliendo con la promesa arrojada en nuestro número quince desde la sección Pogo, en este mes intentaremos develar la cosmovisión de La Flower Power, quiénes son, dónde y qué hacen estos músicos que viven “arreando la barrileteada a la cuarta dimensión”.
Por Facundo Cottet
Primero hubo que encontrarlos, tarea para nada fácil. En la agenda de la redacción de este diario, no figuraba un número de teléfono o dirección de mail que dé con tal misteriosa banda. Hasta que ese celular se consigue y la cita es en la previa de un show. Un día miércoles, sí un miércoles o madrugada de jueves, es lo mismo para muchos. La nota empieza en un bar y termina en una casa. Allí uno de sus integrantes suelta.
“Nosotros no ensayamos, sino que vamos a tocar a la calle. Ese es nuestro ensayo y aparte por tocar en la calle ganamos unos pesos. Eso es lo bueno”. El que comienza a explicar a La Flower es Toby Villa, guitarra, bandoneón, voces y uno de los fundadores del grupo que se mueve como un colectivo de músicos. Siempre con una base estable, pero siempre con intervenciones de amigos y músicos que “se copan” con la banda.
“Es la única banda que debe tener dos sucursales, porque somos tantos que nos podemos dividir. La otra vuelta, la mitad se fue de gira al sur y el resto se quedó acá y tocábamos ellos en un lado y nosotros en otro. Cuando volvieron y ya estábamos todos, tocamos en el Varieté y en Rukaché al mismo tiempo(dos bares, uno al lado del otro). Y nos íbamos cambiando de show en vivo!, algunos se bajaban y se mudaban al lado por un rato . Eran cosas totalmente distintas, pero las dos eran La Flower Power”, recuerda Toby
Desde los últimos meses La Flower es sinónimo de fiesta en nuestra ciudad, casi un ritual inacabable, interminable y sobre todo bailable que fue gracias al boca en boca ganando un lugar que ya asegura que: si está la flower hay, como dice uno de sus guitarristas “algarabía”. Sobre un escenario, una vereda o alguna escalinata de cualquier esquina céntrica se escucha jazz, blues, reggae, boggie boggie, rock, ska o cumbia, entre varios estilos más. “Lo que tenemos es que podemos tocar en un restaurant de San Telmo re careta hasta en un antro cualquiera y nunca va a ser igual. La gente nunca sabe lo que se puede llegar a encontrar con nosotros” sigue hablando Toby, mientras unas rastas le tapan los ojos.
Para seguir descubriendo el mundo de La Flower hay que decir que casi todos viven juntos, en una especie de cofradía y continuamente están tocando. “Para nosotros los feriados o los días que no tocamos son los lunes o martes y que encima no sabemos que hacer” dilucida entre intentos de respuesta su saxofonista, Beto Cuenca. Asimismo asegura: “Todo el tiempo estamos tocando, vivimos para la música y de la música. Este es nuestro camino y de última es como dice el disco “Los errores serán aciertos futuros”.
Porque claro, aunque sea casi como una congregación mística, nómade y ambulante La Flower Power tiene un disco. Sí, no todo es tan volátil en el proyecto de vida de estos seres. Se trata de un demo en vivo grabado en una sola toma el día 21 de agosto del 2007 en los estudio Jamming. Leo Enano (bateria) explica al respecto. “Fue una tarde. Entramos al estudio, tocábamos un tema, lo terminábamos y grabamos otro. Así con diez, que son los que quedaron en el disco”.
En vivo la banda suena a una zapada constante de distintos colores -sobre todo el verde- pero se manejan con una estructura metódica. El enano cuenta que “las bases están todas marcadas. Todos saben lo que tienen que tocar. Por ahí sí seguro que en vivo se zapa o metemos algunos arreglos, pero ya sabemos los temas. No es subir y ver que onda”.
Vivir tocando, vivir soñando
Siguiendo la huella de Jorge Pinchevsky -el violinista del rock- y bajo el lema “La magia existe”, La Flower Power hace música. De las veinticuatro horas del día, catorce serán aproximadamente las que dedican a lo que más saben hacer. Beto, cuenta un día de su vida y describe: “Ahora que se vienen unos días con sol y calor te motivan y te dan una patada para salir a tocar. El otro día salimos a las nueve y media de la mañana, estuvimos en el centro tocando a la gorra. De ahí, al mediodía estábamos en plaza San Martín hasta las tres de la tarde. Después nos fuimos a 7 y 50 del otro lado, (sobre el Pasaje Dardo Rocha) hasta las seis. A esa hora cruzamos la calle y tocamos -de vuelta en la plaza- en la glorieta en un festival. Así hasta las nueve de la noche cuando nos fuimos a tocar al bar (Viejo Varieté) hasta las siete y media de la mañana. Fue un día entero”
Algunos de sus miembros fijos además de los nombrados son: Ropo Centurelli en bajo, Facu Gelvez en guitarra, Chavo en armónica, Piter en trompeta, la Rusa en telcados y varios exponentes más que suben y bajan fecha a fecha, que aportan lo suyo desde percusiones, guitarras, y demás para asegurar que La Flower Power viva, más que nunca y sobre todo, en esta primavera de la ciudad cuadrada. Para hacer más placentero el paso por el centro o parar en alguna plaza y dejarse llevar por su enigma musical.
Sobre la mesa de la casa-escuela de música, llamada Jorge Pinchevsky, que tienen sus integrantes, el reloj marca las primeras horas de un nuevo día, que para La Flower Power sigue siendo el día anterior. Ya es jueves por la madrugada, unos dibujos representativos mezclados de culturas mayas, aztecas e incas sobre una pared vigilan la atmósfera. Llama la atención esas líneas sobre los ladrillos y su autor (Toby) desarrolla la explicación a los allí presentes. “Es la Culturamerikana, como el disco o como entendemos la música nosotros”.
Un violín a cargo de Fer Mosca aparece en un guayno norteño, para después sumergirse en un jazz con contratiempos de batería, le sigue un rockabilly al mejor estilo Johny Cash. Es la Flower Power que está tocando, entregando a los oyentes el sentimiento en su máxima expresión.
Ya dejó de ser un misterio (por lo menos para este diario). Ellos en tanto no paran, no miran, sólo tocan “ No tenemos conciencia por ahí de eso, de a donde viajan los discos. Nosotros los regalamos, como a las entradas. Acá, en Buenos Aires, en el sur o donde estemos. Pero que estamos haciendo ruido en la calle todo el día, seguro” dice Beto.
Sólo queda caminar por las calles, dejarse llevar por el instinto y encontrarlos. Si es en una fiesta cuando alguien vea a la banda, seguramente todo lo redactado parecerá ridículo o apenas se le acerque a lo que transmitan. Desde De Garage por lo menos se cumplió con lo prometido y La Flower escribió otra página más.
“La gente nunca sabe lo que se puede llegar a encontrar con nosotros”
Cumpliendo con la promesa arrojada en nuestro número quince desde la sección Pogo, en este mes intentaremos develar la cosmovisión de La Flower Power, quiénes son, dónde y qué hacen estos músicos que viven “arreando la barrileteada a la cuarta dimensión”.
Por Facundo Cottet
Primero hubo que encontrarlos, tarea para nada fácil. En la agenda de la redacción de este diario, no figuraba un número de teléfono o dirección de mail que dé con tal misteriosa banda. Hasta que ese celular se consigue y la cita es en la previa de un show. Un día miércoles, sí un miércoles o madrugada de jueves, es lo mismo para muchos. La nota empieza en un bar y termina en una casa. Allí uno de sus integrantes suelta.
“Nosotros no ensayamos, sino que vamos a tocar a la calle. Ese es nuestro ensayo y aparte por tocar en la calle ganamos unos pesos. Eso es lo bueno”. El que comienza a explicar a La Flower es Toby Villa, guitarra, bandoneón, voces y uno de los fundadores del grupo que se mueve como un colectivo de músicos. Siempre con una base estable, pero siempre con intervenciones de amigos y músicos que “se copan” con la banda.
“Es la única banda que debe tener dos sucursales, porque somos tantos que nos podemos dividir. La otra vuelta, la mitad se fue de gira al sur y el resto se quedó acá y tocábamos ellos en un lado y nosotros en otro. Cuando volvieron y ya estábamos todos, tocamos en el Varieté y en Rukaché al mismo tiempo(dos bares, uno al lado del otro). Y nos íbamos cambiando de show en vivo!, algunos se bajaban y se mudaban al lado por un rato . Eran cosas totalmente distintas, pero las dos eran La Flower Power”, recuerda Toby
Desde los últimos meses La Flower es sinónimo de fiesta en nuestra ciudad, casi un ritual inacabable, interminable y sobre todo bailable que fue gracias al boca en boca ganando un lugar que ya asegura que: si está la flower hay, como dice uno de sus guitarristas “algarabía”. Sobre un escenario, una vereda o alguna escalinata de cualquier esquina céntrica se escucha jazz, blues, reggae, boggie boggie, rock, ska o cumbia, entre varios estilos más. “Lo que tenemos es que podemos tocar en un restaurant de San Telmo re careta hasta en un antro cualquiera y nunca va a ser igual. La gente nunca sabe lo que se puede llegar a encontrar con nosotros” sigue hablando Toby, mientras unas rastas le tapan los ojos.
Para seguir descubriendo el mundo de La Flower hay que decir que casi todos viven juntos, en una especie de cofradía y continuamente están tocando. “Para nosotros los feriados o los días que no tocamos son los lunes o martes y que encima no sabemos que hacer” dilucida entre intentos de respuesta su saxofonista, Beto Cuenca. Asimismo asegura: “Todo el tiempo estamos tocando, vivimos para la música y de la música. Este es nuestro camino y de última es como dice el disco “Los errores serán aciertos futuros”.
Porque claro, aunque sea casi como una congregación mística, nómade y ambulante La Flower Power tiene un disco. Sí, no todo es tan volátil en el proyecto de vida de estos seres. Se trata de un demo en vivo grabado en una sola toma el día 21 de agosto del 2007 en los estudio Jamming. Leo Enano (bateria) explica al respecto. “Fue una tarde. Entramos al estudio, tocábamos un tema, lo terminábamos y grabamos otro. Así con diez, que son los que quedaron en el disco”.
En vivo la banda suena a una zapada constante de distintos colores -sobre todo el verde- pero se manejan con una estructura metódica. El enano cuenta que “las bases están todas marcadas. Todos saben lo que tienen que tocar. Por ahí sí seguro que en vivo se zapa o metemos algunos arreglos, pero ya sabemos los temas. No es subir y ver que onda”.
Vivir tocando, vivir soñando
Siguiendo la huella de Jorge Pinchevsky -el violinista del rock- y bajo el lema “La magia existe”, La Flower Power hace música. De las veinticuatro horas del día, catorce serán aproximadamente las que dedican a lo que más saben hacer. Beto, cuenta un día de su vida y describe: “Ahora que se vienen unos días con sol y calor te motivan y te dan una patada para salir a tocar. El otro día salimos a las nueve y media de la mañana, estuvimos en el centro tocando a la gorra. De ahí, al mediodía estábamos en plaza San Martín hasta las tres de la tarde. Después nos fuimos a 7 y 50 del otro lado, (sobre el Pasaje Dardo Rocha) hasta las seis. A esa hora cruzamos la calle y tocamos -de vuelta en la plaza- en la glorieta en un festival. Así hasta las nueve de la noche cuando nos fuimos a tocar al bar (Viejo Varieté) hasta las siete y media de la mañana. Fue un día entero”
Algunos de sus miembros fijos además de los nombrados son: Ropo Centurelli en bajo, Facu Gelvez en guitarra, Chavo en armónica, Piter en trompeta, la Rusa en telcados y varios exponentes más que suben y bajan fecha a fecha, que aportan lo suyo desde percusiones, guitarras, y demás para asegurar que La Flower Power viva, más que nunca y sobre todo, en esta primavera de la ciudad cuadrada. Para hacer más placentero el paso por el centro o parar en alguna plaza y dejarse llevar por su enigma musical.
Sobre la mesa de la casa-escuela de música, llamada Jorge Pinchevsky, que tienen sus integrantes, el reloj marca las primeras horas de un nuevo día, que para La Flower Power sigue siendo el día anterior. Ya es jueves por la madrugada, unos dibujos representativos mezclados de culturas mayas, aztecas e incas sobre una pared vigilan la atmósfera. Llama la atención esas líneas sobre los ladrillos y su autor (Toby) desarrolla la explicación a los allí presentes. “Es la Culturamerikana, como el disco o como entendemos la música nosotros”.
Un violín a cargo de Fer Mosca aparece en un guayno norteño, para después sumergirse en un jazz con contratiempos de batería, le sigue un rockabilly al mejor estilo Johny Cash. Es la Flower Power que está tocando, entregando a los oyentes el sentimiento en su máxima expresión.
Ya dejó de ser un misterio (por lo menos para este diario). Ellos en tanto no paran, no miran, sólo tocan “ No tenemos conciencia por ahí de eso, de a donde viajan los discos. Nosotros los regalamos, como a las entradas. Acá, en Buenos Aires, en el sur o donde estemos. Pero que estamos haciendo ruido en la calle todo el día, seguro” dice Beto.
Sólo queda caminar por las calles, dejarse llevar por el instinto y encontrarlos. Si es en una fiesta cuando alguien vea a la banda, seguramente todo lo redactado parecerá ridículo o apenas se le acerque a lo que transmitan. Desde De Garage por lo menos se cumplió con lo prometido y La Flower escribió otra página más.
miércoles, 13 de agosto de 2008
Papel celeste

Desde un principio me sorprendió que me tocaran el timbre enviándome una carta. ¿A mí? ¿Por qué una carta?. Creo que era la primera vez que llegaba una carta a mi nombre. Yo…, acostumbrado, como mucho, a leer mail y que nunca decían nada de mayor importancia. Pero esa tarde fue una carta.
El remitente estaba tachado con una lapicera negra, las rayas transmitían que quién lo hizo estaba inseguro de dar a conocer su identidad. Además el sobre era celeste, todo muy raro.
Recuerdo que estaba con un amigo, bah en realidad no era un amigo. Un compañero de trabajo que no sé porque razón aparecía cada tanto en mi casa. Tenía confianza con él, entonces decidí abrir ese sobre, celeste y todo tachado. Será una joda pensé.
-Capaz que tiene ántrax. Me dijo burlándose mi compañero.
- En una de esas por ahí sí. Respondí siguiendo el chiste.
Por ese tiempo los medios de comunicación se regocijaban con el atentado a las Torres Gemelas y todo lo que vino después: Que en la Argentina hay ántrax, que en las elecciones descubrieron polvo blanco en los sobres, que el ex presidente De la Rúa se había contagiado con ántrax y tantas otras cosas más que ya ni me acuerdo.
Cuando saqué la hoja que había dentro, un cosquilleo recorrió todas mis manos. En ese momento se prendió el televisor, la casualidad era demasiada. Justo al abrir el papel, la tele, que estaba programada, se encendió .
“Todo está muy confuso en mí, la verdad desearía hacerlo de otra forma, pero te seguí y me fijé donde vivías. Ahora sabes que existo”. Escrita en computadora, con una letra común y en un tamaño considerable, nada más. No tenía firma, ni seudónimo. Esa confesión era lo único que se leía. La guardé y continúe mis actividades.
El remitente estaba tachado con una lapicera negra, las rayas transmitían que quién lo hizo estaba inseguro de dar a conocer su identidad. Además el sobre era celeste, todo muy raro.
Recuerdo que estaba con un amigo, bah en realidad no era un amigo. Un compañero de trabajo que no sé porque razón aparecía cada tanto en mi casa. Tenía confianza con él, entonces decidí abrir ese sobre, celeste y todo tachado. Será una joda pensé.
-Capaz que tiene ántrax. Me dijo burlándose mi compañero.
- En una de esas por ahí sí. Respondí siguiendo el chiste.
Por ese tiempo los medios de comunicación se regocijaban con el atentado a las Torres Gemelas y todo lo que vino después: Que en la Argentina hay ántrax, que en las elecciones descubrieron polvo blanco en los sobres, que el ex presidente De la Rúa se había contagiado con ántrax y tantas otras cosas más que ya ni me acuerdo.
Cuando saqué la hoja que había dentro, un cosquilleo recorrió todas mis manos. En ese momento se prendió el televisor, la casualidad era demasiada. Justo al abrir el papel, la tele, que estaba programada, se encendió .
“Todo está muy confuso en mí, la verdad desearía hacerlo de otra forma, pero te seguí y me fijé donde vivías. Ahora sabes que existo”. Escrita en computadora, con una letra común y en un tamaño considerable, nada más. No tenía firma, ni seudónimo. Esa confesión era lo único que se leía. La guardé y continúe mis actividades.
Al otro día cuando vuelvo del trabajo veo un sobre en el piso del living. Era igual al anterior: mismo sobre, los mismo rayones y la misma intriga de mi lado. “No te conviene cruzar la avenida por la mitad de cuadra, es peligroso y de verdad no quiero que te pase nada”. Era cierto, cuando iba caminando a la consultora -mi trabajo- cruzaba la Avenida Río Manso a mitad de cuadra. Es que esa era la forma más rápida.
Entendí que me estaban siguiendo, pero los dos mensajes que había leído no los tomaba como amenazantes ni tenía miedo. Es más, cuando andaba por la calle a veces olvidaba el asunto de las cartas o la persecución que supuestamente me acompañaba.
Y el tiempo pasó, pero las cartas seguían llegando a mi casa. Las leía una vez, a veces dos, pero no le daba mayor importancia. Jamás se me cruzó por la mente la idea de hacer la denuncia en la policía. Suficientes problemas aparentan tener, como para que yo vaya con un montón de papeles que no arrojaban mucha información. Además, en un punto me gustaba recibir las cartas. Era un juego por momento siniestro y misterioso. Yo de a ratos me imaginaba un detective que investigaba el caso más importante de su vida. Lógico, se trataba de mi caso, mi vida. Rastreada por mi mismo, ¿cómo no iba a ser la averiguación más cuidada de un detective?, en este caso yo.
Y el tiempo pasó, pero las cartas seguían llegando a mi casa. Las leía una vez, a veces dos, pero no le daba mayor importancia. Jamás se me cruzó por la mente la idea de hacer la denuncia en la policía. Suficientes problemas aparentan tener, como para que yo vaya con un montón de papeles que no arrojaban mucha información. Además, en un punto me gustaba recibir las cartas. Era un juego por momento siniestro y misterioso. Yo de a ratos me imaginaba un detective que investigaba el caso más importante de su vida. Lógico, se trataba de mi caso, mi vida. Rastreada por mi mismo, ¿cómo no iba a ser la averiguación más cuidada de un detective?, en este caso yo.
En mi rutina diaria, a esa altura, ya no había mayores sucesos que recibir las cartas. Siempre en sobres celestes, con el remitente tachado en lapicera negra, siempre. Esos papeles ya habían hecho dentro de mí otra persona, que por suerte nadie notaba. A veces me preguntaban si seguía recibiendo las cartas, (porque al principio comenté entre mis allegados, aquel extraño acontecimiento) o si ya descubrí quién era. Y yo no daba demasiada explicación tampoco. “Sí, cada tanto llega alguna” o “la verdad que ya ni las miro, las junto y las tiro enseguida”, eran mis respuestas. Pero la realidad era totalmente distinta. Pasaba horas observándolas, comparando, tratando de entender qué querían esas cartas, quién era el responsable, o los responsables de esos escritos. Por qué a mí.
Entre la noche del 30 de noviembre y la madrugada del 1 de diciembre, leí una nueva. Ya habían pasado cuatro meses desde la primera y seguía con la intriga. Era una necesidad saber algo, aunque sea algo. “Supongo que te preguntarás quién soy, por qué te escribo estas líneas, bueno llegó el momento de contarte la verdad. Pero antes debo dejar pasar un tiempo. Te puedo adelantar que cuando leas la próxima carta, lo vamos a hacer juntos. Siempre y cuando estés dispuesto.” Había pasado. Por fin iba a saber quién me mandaba esas malditas cartas desde hacía cuatro meses. Aún no recuerdo como fue, pero esa noche me dormí en el sillón con las cartas apoyadas sobre una mesa ratona. Los papeles celestes ubicados ahí servían de posa vaso para una copa con restos de soda.
Entre la noche del 30 de noviembre y la madrugada del 1 de diciembre, leí una nueva. Ya habían pasado cuatro meses desde la primera y seguía con la intriga. Era una necesidad saber algo, aunque sea algo. “Supongo que te preguntarás quién soy, por qué te escribo estas líneas, bueno llegó el momento de contarte la verdad. Pero antes debo dejar pasar un tiempo. Te puedo adelantar que cuando leas la próxima carta, lo vamos a hacer juntos. Siempre y cuando estés dispuesto.” Había pasado. Por fin iba a saber quién me mandaba esas malditas cartas desde hacía cuatro meses. Aún no recuerdo como fue, pero esa noche me dormí en el sillón con las cartas apoyadas sobre una mesa ratona. Los papeles celestes ubicados ahí servían de posa vaso para una copa con restos de soda.
Tuve un sueño casi esotérico, lúgubre. Estaba en un gran salón, con pisos impecables, pero con las paredes que se caían a pedazos. Siquiera tenían revoque, pero esa sala era inmensa y vacía. Yo entraba silencioso, precavido, buscando a alguien. Por momentos rozaba la pesadilla, pero no era más que un mal sueño. El gran salón tenía una sola ventana, chiquita, parecida a la de un calabozo, pero aquel lugar estaba muy iluminado por luz natural. En un extremo a lo lejos encuentro una figura. Me acerco -no mucho- y era una mujer de espalda. Desde la distancia le hablo. En el sueño sentía frío. Lo verosímil marcaba un termómetro de 25 grados promedio para esa fecha en el calendario.
La veo más cerca y logró reconocer todos sus rasgos. Cara, cuerpo, pelo, altura y demás características físicas, que me parecían atractivas. No era un modelo de belleza, pero en mí producía algo. En un momento, el espacio se iba transformando en una ciudad y a medida que hablaba con esa persona todo se cambiaba alrededor. Aún hoy no recuerdo que nos dijimos o si ella me escuchaba. Yo supongo que sí.
La veo más cerca y logró reconocer todos sus rasgos. Cara, cuerpo, pelo, altura y demás características físicas, que me parecían atractivas. No era un modelo de belleza, pero en mí producía algo. En un momento, el espacio se iba transformando en una ciudad y a medida que hablaba con esa persona todo se cambiaba alrededor. Aún hoy no recuerdo que nos dijimos o si ella me escuchaba. Yo supongo que sí.
Vuelvo a la realidad y me despierto. Eran las seis de la mañana. Mientras tomo un café instantáneo, bajo la vista por un momento. Había otra vez y cuando no un sobre celeste, pero sin ningún rayón ni remitente.
“Todo lo que desde hace tiempo quise fue poder escribirte una carta. La que recibiste ayer ya no tiene sentido, cuando mires el sol me vas a ver, cuando cruces la calle me vas a ver. No nos vamos a poder encontrar. Ya me encontraste.” Silencio absoluto en mi casa. Angustia, reflexión, búsqueda, preguntas, son sólo algunos de los sentimiento que se aparecieron ni bien leí esas ¿últimas? líneas. Miro las agujas del reloj y el televisor se enciende automáticamente. Esta vez no estaba programado.
“Todo lo que desde hace tiempo quise fue poder escribirte una carta. La que recibiste ayer ya no tiene sentido, cuando mires el sol me vas a ver, cuando cruces la calle me vas a ver. No nos vamos a poder encontrar. Ya me encontraste.” Silencio absoluto en mi casa. Angustia, reflexión, búsqueda, preguntas, son sólo algunos de los sentimiento que se aparecieron ni bien leí esas ¿últimas? líneas. Miro las agujas del reloj y el televisor se enciende automáticamente. Esta vez no estaba programado.
martes, 5 de agosto de 2008
Pogo Indio

Cobertura especial El Indio Solari
Pánico y locura en Tandil
Pánico y locura en Tandil
Montados en una Chevi modelo 71, De Garage salió de gira. Volvió a tomar coraje para abandonar la ciudad y nuevamente ser testigo, cuando crece el fuego, del fenómeno ricotero en cualquier punto del país. Aquí algunas impresiones
Viernes 4 de Julio. 23 horas. Esperando el momento de partida, desde esta redacción se chequeaba el clima que luciría Tandil en las próximas horas. En cortas y concisas palabras: nublado, con mucha humedad.
Ya en la ruta, la niebla ganaba el protagonismo del viaje. Del placer, por pisar el asfalto, (con un motor extremo que entraría como efecto de sonido en cualquier tema de AC/ DC por citar algún ejemplo) el estado de los viajantes se trasladó a una tensión silenciosa y expectante, que no quitaba la vista del camino en los pocos metros que había de visibilidad en alguna ruta de la provincia de Buenos Aires. “Ahora más que nunca los ojos ciegos bien abiertos”, disparó el conductor. Todo un acierto en la circunstancia.
Después de ¡diez! horas de viaje, en los cuales varios momentos surcaron su historia, aparecía, con la claridad del día rozando distintos tipos de grises y blancos en el cielo, la localidad de Tandil. Y desde la rotonda de entrada se sentía algo raro. Ese era el lugar indicado, ya no había más.
Las calles mojadas, resbaladizas, con pibes caminando desde temprano sus veredas, micros estacionados donde fuera, poca presencia policial. Los Tandilenses que miraban, comentaban por lo bajo, esperaban. En los comercios los precios variaban según la cara. Pero eso no fue mayor impedimento para que una localidad que once años atrás recibía a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, hoy albergara cómodamente a El Indio Solari y los Fundamentalistas del aire acondicionado.
Al igual que cuando un equipo de De Garage estuvo presente en Jesús María para redactar lo que acontecía con El Indio, aquí, otra vez parecía que un show del Solari pertenecía a otro momento. Tandil se asimiló a algo ajeno del rock actual, surcado por empresas que poco tienen que ver con una contracultura o un movimiento de resistencia. Dentro del hipódromo, una “cantina” ofrecía el litro de cerveza a diez pesos y el de fernet a quince. Antes del incio del recital, el imaginario, en aquellos más fantasiosos, era que asistirían a un show de Los Redondos. Pero no.
Pasadas las 21.30 las luces se apagaron, las pantallas se encendieron (una en cada costado y otra detrás del escenario dividida en tres bloques, con una excelente calidad visual), los gritos comenzaron y una música ambiental se anticipó a la voz grabada del Indio que presentaba a la banda. “Pedía siempre temas en la radio” abrió el final del juego, ese que había arrancado bien temprano en las calles.
Después del primer tema, el mensaje de bienvenida de Solari fue “Cuidemos Tandil que ha sido muy hospitalaria con nosotros”. Y sí, era cierto. Ningún disturbio, gente de control controlada, entradas sin cortar. Todos condimentos para sugerir que se trataba de una fiesta pacífica. Siguiendo el orden del disco Porco Rex llegó “Ramas desnudas” y aunque el Indio entró más tarde en la estrofa, la aparición de los vientos a cargo de Alejo Von der Phalen en saxo y Ervin Stutz en trombón y trompeta fueron abismales. Después de “excusarse” diciendo “mi salud no está en mi mejor momento”, sarcásticamente tocaron “Martines y tafiroles” y las guitarras de Baltasar Comotto y Gaspar Benegas se incendiaron una a otra.
Viernes 4 de Julio. 23 horas. Esperando el momento de partida, desde esta redacción se chequeaba el clima que luciría Tandil en las próximas horas. En cortas y concisas palabras: nublado, con mucha humedad.
Ya en la ruta, la niebla ganaba el protagonismo del viaje. Del placer, por pisar el asfalto, (con un motor extremo que entraría como efecto de sonido en cualquier tema de AC/ DC por citar algún ejemplo) el estado de los viajantes se trasladó a una tensión silenciosa y expectante, que no quitaba la vista del camino en los pocos metros que había de visibilidad en alguna ruta de la provincia de Buenos Aires. “Ahora más que nunca los ojos ciegos bien abiertos”, disparó el conductor. Todo un acierto en la circunstancia.
Después de ¡diez! horas de viaje, en los cuales varios momentos surcaron su historia, aparecía, con la claridad del día rozando distintos tipos de grises y blancos en el cielo, la localidad de Tandil. Y desde la rotonda de entrada se sentía algo raro. Ese era el lugar indicado, ya no había más.
Las calles mojadas, resbaladizas, con pibes caminando desde temprano sus veredas, micros estacionados donde fuera, poca presencia policial. Los Tandilenses que miraban, comentaban por lo bajo, esperaban. En los comercios los precios variaban según la cara. Pero eso no fue mayor impedimento para que una localidad que once años atrás recibía a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, hoy albergara cómodamente a El Indio Solari y los Fundamentalistas del aire acondicionado.
Al igual que cuando un equipo de De Garage estuvo presente en Jesús María para redactar lo que acontecía con El Indio, aquí, otra vez parecía que un show del Solari pertenecía a otro momento. Tandil se asimiló a algo ajeno del rock actual, surcado por empresas que poco tienen que ver con una contracultura o un movimiento de resistencia. Dentro del hipódromo, una “cantina” ofrecía el litro de cerveza a diez pesos y el de fernet a quince. Antes del incio del recital, el imaginario, en aquellos más fantasiosos, era que asistirían a un show de Los Redondos. Pero no.
Pasadas las 21.30 las luces se apagaron, las pantallas se encendieron (una en cada costado y otra detrás del escenario dividida en tres bloques, con una excelente calidad visual), los gritos comenzaron y una música ambiental se anticipó a la voz grabada del Indio que presentaba a la banda. “Pedía siempre temas en la radio” abrió el final del juego, ese que había arrancado bien temprano en las calles.
Después del primer tema, el mensaje de bienvenida de Solari fue “Cuidemos Tandil que ha sido muy hospitalaria con nosotros”. Y sí, era cierto. Ningún disturbio, gente de control controlada, entradas sin cortar. Todos condimentos para sugerir que se trataba de una fiesta pacífica. Siguiendo el orden del disco Porco Rex llegó “Ramas desnudas” y aunque el Indio entró más tarde en la estrofa, la aparición de los vientos a cargo de Alejo Von der Phalen en saxo y Ervin Stutz en trombón y trompeta fueron abismales. Después de “excusarse” diciendo “mi salud no está en mi mejor momento”, sarcásticamente tocaron “Martines y tafiroles” y las guitarras de Baltasar Comotto y Gaspar Benegas se incendiaron una a otra.
“Una que sepamos todos” fue el aviso de que la llama se mantenía y que al fin de cuentas era lo que las cincuenta mil almas citadas en el hipódromo del barrio de Villa Aguirre querían. Escuchar temas de Los Redondos. “La hija del fletero” desató la locura que se mantendría durante el show. Bengalas, que al aire libre no hicieron más que decorar el espacio y todos, todos que saltaban. Sin descanso, entre el humo de las bengalas que se mezclaban con el que filtraba el escenario y la neblina, el paisaje fue exacto, impensado o no, pero logró que “El infierno está encantador esta noche” llegue en el momento indicado. La totalidad se entregó al ritual satánico que se proponía. Seguido, ya casi como regalo, “Rock para el Negro Atila” fue demasiado para algunos que no lo esperaban y Solari calcó el grito del arranque, como en Lobo suelto. Fin de la primera parte.
Volvieron con las melancólicas y trágicas “Y mientras tanto el sol se muere” “Porco rex” y “Bebamos de las copas lindas”, todas del último trabajo solista para darle paso a “Un ángel para tu soledad” “Tu esqueleto te trajo hasta aquí…” y la historia pertenecía a la multitud.· “Nike es la cultura” fue el primer tema del tesoro de los inocentes. Olvidando aquél arranque trunco en nuestra ciudad en el 2005, el paso del tiempo hizo que sonara ajustada. Desde las pantallas del fondo del escenario logos de Mtv, Nike y Espn, con rasgos carcomidos se mezclaban con imágenes del arte de Porco Rex.
Volvieron con las melancólicas y trágicas “Y mientras tanto el sol se muere” “Porco rex” y “Bebamos de las copas lindas”, todas del último trabajo solista para darle paso a “Un ángel para tu soledad” “Tu esqueleto te trajo hasta aquí…” y la historia pertenecía a la multitud.· “Nike es la cultura” fue el primer tema del tesoro de los inocentes. Olvidando aquél arranque trunco en nuestra ciudad en el 2005, el paso del tiempo hizo que sonara ajustada. Desde las pantallas del fondo del escenario logos de Mtv, Nike y Espn, con rasgos carcomidos se mezclaban con imágenes del arte de Porco Rex.
Regresaron los temas de Los Redondos. “Ella debe estar tan linda” mantuvo un punto alto, con el público que llevaba el tempo. Después, para sorpresa de varios, sonó “Me matan limón”, ronda sobre el pasto del hipódromo y luces que se mezclaban de nuevo con bengalas en distintos sectores del campo. Situación que no frenó hasta que terminara “Mariposia Pontiac - Rock del país” ya que en el medio de estas dos versiones de Luzbelito se coló una histórica “Divina Tv Fürer” del mítico Oktubre. Para el cierre de esta parte los ánimos se calmaron con To beef or not to beeff, del primer trabajo del Indio.
El recital se estaba acabando, pero faltaba lo más ecléctico. Se hicieron presentes “Por qué será que no me quiere Dios”, “Vuelo a Sydney” de Porco Rex y “Pabellón séptimo” en el que el Indio dedicó “un saludo ahí para los muchachos”. El agotado “Un poco de amor francés” se disfrutó, pero no convenció del todo: “hubiera preferido que toque otro tema de los redondos” se dejaba escuchar desde el campo. “Tatuaje” y “Flight 956” cerraron el repertorio fundamentalista.
Y lo indicado, esperado y rogado llegó. Creó expectativa y un reflejo en la pupilas difícil de olvidar. Entre bengalas, gritos desgarrados y puños al aire apretando algo parecido a la libertad se escuchó “Juguete perdidos”, donde la garganta del Indio Solari se fundió en el horizonte de las sierras tandilenses. “Jijiji”, con la obviedad del pogo más grande del mundo, y una invitación “el 27 de septiembre nos vemos en San Luis.”, selló todo eso que había arrancado la mañana del sábado 5 de julio. Un sábado distinto, difícil de entender por algunos y de explicar por otros, pero que justificó que el espíritu no muere, se transforma.
El recital se estaba acabando, pero faltaba lo más ecléctico. Se hicieron presentes “Por qué será que no me quiere Dios”, “Vuelo a Sydney” de Porco Rex y “Pabellón séptimo” en el que el Indio dedicó “un saludo ahí para los muchachos”. El agotado “Un poco de amor francés” se disfrutó, pero no convenció del todo: “hubiera preferido que toque otro tema de los redondos” se dejaba escuchar desde el campo. “Tatuaje” y “Flight 956” cerraron el repertorio fundamentalista.
Y lo indicado, esperado y rogado llegó. Creó expectativa y un reflejo en la pupilas difícil de olvidar. Entre bengalas, gritos desgarrados y puños al aire apretando algo parecido a la libertad se escuchó “Juguete perdidos”, donde la garganta del Indio Solari se fundió en el horizonte de las sierras tandilenses. “Jijiji”, con la obviedad del pogo más grande del mundo, y una invitación “el 27 de septiembre nos vemos en San Luis.”, selló todo eso que había arrancado la mañana del sábado 5 de julio. Un sábado distinto, difícil de entender por algunos y de explicar por otros, pero que justificó que el espíritu no muere, se transforma.
fotos: Pily Velazquez
martes, 29 de julio de 2008
Micky Vainilla
Aclaración: Micky Vainilla es sólo un personaje y como tal no refleja las concepciones éticas y morales de las mentes creadoras de este espacio. Además es humor, del bueno.
Gracias Rama por el soporte técnico
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