lunes, 5 de octubre de 2009

Despertando


Despues de un largo tiempo llegó la idea.
No tenemos nada para decir... o tenemos todo, está en vos.

martes, 9 de junio de 2009

Desde adentro


Y un día miró para atrás. Al fin, como una cuenta pendiente, todos sus sentidos latieron y descubrió que el cielo, de a ratos, se veía limpio, que el fuego no sólo quemaba, también iluminaba el calor y que su piel sangraba. Era sangre, era vida, fueron señales.
Abrió los ojos, escuchó los gritos que reventaban las cabezas y fueron mucho más que oídos sordos. Y un día miró para atrás. Desde entonces toma una copa atenta, la observa y cae en la subida que ahora es su vida.
Le tiembla el pecho y las piernas, el miedo cada tanto reaparece, pero es vida. Es sentir, y un día miró para atrás; desde entonces los dientes blancos se ven. Está sonriendo, con la vista al frente y los pies livianos. Agradece a ese día, en el que miró para atrás. Para no ser lo que fue.

domingo, 31 de mayo de 2009

Enfrascos


Enfrascos en El Ayuntamiento
TRANSPIRANDO LA CAMISETA

Con la capacidad a más no poder, Enfrascos se despidió en su propia fecha del EP que les garantizó por el boca a boca, una proyección a futuro. Todas esas cosas que ya escuchaste: taco, sombrero pero sobre todo huevo arriba de las tablas

Por Facundo Cottet
Fue casi la liturgia nacional el reflejo de lo que subió al escenario de El Ayuntamiento. Nada del otro mundo. Es más: bien de este mundo, hasta de esta ciudad. “Enfrascos” descargó todo su repertorio a más no poder. Repasando todas las cartas que tienen para jugar: esas donde se mezclan el barrio, el fútbol, la murga, el adoquín, la bicicleta, la cumbia (pero la de acá), el lunfardo… la calle.
Iluminación verde, con un poco de humo de máquina para ambientar más la situación, el lugar repleto -donde sudaron algunas pieles- y el roce de hombros y brazos que estuvieron acorde al contexto. Todos parados, acá no hay mesas ni sillas. Se baila y se salta, no importa la columna que está en el medio de la gente. No importa si molesta la visual (cosa que sí hizo), no importa la previsibilidad de algún choque de cabeza contra ese poste, la banda ya está sobre las tablas y la música arranca.
“Ando, ando” fue la elegida por el grupo para empezar. El tema más pegadizo, y así dar la bienvenida a su fecha. Un estribillo que fundamentaba: Cantando un tango/intentando fantasear/que tu silueta me devuelva/ ese tono angelical .Entonces ahí la gente saltó. Lejos estaba el tema de sonar como un tango, la percusión con la guitarra hacían que un cuarteto cordobés en sus bases invada los oídos, hasta el final cuando el rock se coló por un rato.
Con remera del club de rugby de Los Tilos Fransisco Riera (voz) bailaba y se deslizaba siguiendo movimientos de escena ya conocidos. A su derecha una apuesta original de la banda: Victoria Torres Moure (corista/segunda voz). Es distintivo ver una mujer casi como frontwoman, en una banda al estilo de Enfrascos. Pero tampoco es fácil que su voz se inserte entre tanta percusión y esto por momentos se notó. Algunas deficiencias de sonido del lugar hacían perder el sabor que una voz femenina hubiese logrado si todo iba sobre los rieles sonoros adecuados. Abajo no importó mucho, la morocha se la bancó y hasta recibió halagos varios.
Y mientras la banda seguía lidiando con algunos retoques en la diagramación del sonido (por ejemplo, el bajista que pedía entre tema y tema que le suban el retorno de su instrumento) a veces los temas tenían fuerza, pero el volumen de las cajas estaba estancado en ese punto medio, de haberlo subido todo hubiera sido mejor. La cantidad de gente que se había acercado no fue planeada para ese tipo de volúmenes que por momentos pareció poco.
Pero el recital siguió su cauce, entonces Enfrascos aportó lo suyo. Repiques para entrar en una chacarera de la mano de “Brotan mi ganas”, una declaración de principios de parte del cantante hacia alguna “china” (si la banda fuera de algún pueblo olvidado del interior del país). Con pasajes de candombe, mezclando y mostrando un poco la escencia, esta banda hizo durante todo el recital una apuesta conocida pero arriesgada al mismo tiempo: acaparar un abanico de ritmos con un par de canciones.
Agradecen desde el escenario el apoyo al público que definitivamente es propio porque corean casi todos los temas. Las canciones que están registrados en el EP “Malabares” son gritadas (en su mayoría por gargantas femeninas).
El frenesí festivo baja los decibles, y ahí suena “Morocha”; de golpe se empiezan a ver chicas en los hombros de algunos verdaderamente caballeros cerca del escenario y la cara del cantante refleja una comunicación directa con las que están en las alturas. La canción parece “BsAs-New Yok” de Don Lunfardo en la intención. Los traumas de un amor más allá de circunvalación y la distancia que lo jode, entre otras cosas.
Desde el lado de afuera de la puerta alguien mira el recital, en un atisbo de correr la atención hacia ese lugar, los músicos avisan a la seguridad que dejen pasar a los pibes. Entonces se demuestra que “tienen códigos” y calle. La misma calle que le da espalda para hacer una versión con pasaje Hip-Hop para “Tango show”, aunque falta el invitado en la voz (un sujeto llamado Camilo) ahí se siente el punto alto del recital, donde los músicos muestran todo lo que tienen y caen parados ante ese desafío.
Por más de una hora el grupo (en momentos octecto) hizo bailar a quienes se animaban y podían entre el público. Vestidos con remeras de fútbol en una estética bien rioplatense y un proyector que disparaba imágenes de fondo en algunas canciones despidieron su primer EP “Malabares” para meterse a la semana siguiente de este show a grabar su primer disco.
Para atender: la cantidad de gente (dado su corta carrera) que se acerca a los recitales a enfrascarse. Porque, si el lugar se presta, es garantía casi seguro que los pies y la cabeza se van a terminar moviendo al escuchar sus canciones.

lunes, 18 de mayo de 2009

Chau Benedetti


No te salves

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.


M. Benedetti 1920-2009
video

sábado, 18 de abril de 2009

Click





Tropel The Hojas Secas

Tomá mi casa y hacé una fiesta.
Oscuridad sobre una mano de la vereda de 8 entre 61 y 62, gente refugiada en esa penumbra y el rock de unas décadas atrás pero en el 2009 dentro de la oculta finca.

Por Facundo Cottet

En un espacio -que es el living de cualquier casa antigua- armado de dos ambientes contiguos hay retornos, pies de micrófonos, instrumentos y Tropel, que le da la bienvenida a la apertura de otro espacio en la ciudad. Se trata del centro cultural “El gran sueño”, un lugar que funcionará como foco artístico, cerca de bellas artes, polo de atracción hasta en estas cosas.
El cuarteto que cultiva el sonido Spinetta en todas sus épocas juntas, fue por momentos arrollador, respetando la esencia de su nombre. Riffs limpios en los dedos de Lucas Vanza (única guitarra) en temas como “Tu Dios y Tu Miseria”. “Tu ley, tu estado/ tu dios y tu miseria” en clave sesentista, cercana al disco “Axis Bold as Love” de Jimi Hendrix del año 1968, y cargado de intención.
Se escuchó una solemnidad ecléctica en “Lejana”. Un arranque demoledor del tema, para bucear por melancolías de amor y armonías calmas en la estructura sonora, al momento de hacer eje en la melodía. Y de vuelta al estilo de los sesenta/setenta en los solos de la guitarra.
Mientras esto crujía desde los parlantes, la gente parecía hipnótica. En su mayoría (con las manos ocupadas con alguna bebida color amarilla) se balanceaban entendiendo la esencia que ofrecía Tropel. Una esencia que se carga también desde la tensión, ya que en ese lugar juegan un papel principal las teclas.
“Claustro de ausencia” (una historia para la memoria en tiempos complicados y de debate como estos que nos tocan escuchar desde los medios) le dio el pie al brillo del teclado, a cargo de Santiago Delia. Justificando, que a veces, es prescindible una segunda guitarra.
Cuando se agotaba el repertorio del cuarteto, parecía el final. Una instrumental, para alimentar oídos exigentes y el chau. Pero no. La gente -público amigable- pidió otra y entonces lo programado se desvirtuó. El final fue “Presagio” un tema que lleva el sello de todo lo descripto anteriormente, pero en una sola canción. Sólo que esta vez, el tiempo de ensayo le dio otro aire y ahora, con cercanías al funk, Lucas cantaba “Ya no quiero perderte otra vez nena/ estalla el mundo detrás de mi espalda/ recuerdos, presagios, miradas, desiertos/ no hay nada”.
Pero hubo más. Un intermedio para reciclar el aire y el desenfreno de The Hojas Secas para ponerle distorsión y adelantarse unos años en la contextualización de sonido. Ya no estábamos en los sesenta, ahora el living podría transformarse en un garage podrido. “Convidé” (con cada vez más olor a hit) y los movimientos rock de Lucas Javuet para abrir el repertorio y continuar con la fiesta del rock.
Mientras Tropel precipitó sus canciones, en la vereda había gente. Cuando The Hojas Secas descalabraba su verborragia sonora al estilo The Strokes, la vereda seguía con gente. La fiesta siguió, ¿dónde…? En la calle, donde se vive el mejor rock.

miércoles, 8 de abril de 2009

ONDA VAGA



BRILLA UNA LLAMA
El grupo de música que parece no comulgar con la modernidad y toca sin amplificadores desembarcó su sanación sonora en la ciudad de La Plata y todo fue cálido.

I
Las velas encendidas en el piso parquet. Cada una, dentro de un vaso de plástico, formaban un semicírculo, donde era el fuego el que dividía los roles
Antes de ver esto, el patio funcionó de purgatorio, del lugar de la espera. Hubo una diferencia: el espacio al que se ingresaba estaba lejos de una representación celestial. Poca luz, olor a humo sin ganas de desaparecer y una línea de mini candelabros de cera que ardían, parecido a un círculo de sal.
No era el cielo, tampoco el infierno. Se trato de una combinación de éstos dos pero en la tierra. Cualquier día es un auditorio. Ese día, el lugar fue algo más: una burbuja quizá, que detuvo el final de un domingo y en donde el tiempo no corrió por dos horas.

II
¿Qué fue lo que logró esto?, ¿Por qué se cambió la atmósfera en ese momento? Cinco personas pueden encontrarse entre los responsables. En su ejecución a ciertos instrumentos musicales, que transforman y exaltan los sentidos. No hay electricidad de por medio, lejos están los ruidos que agotan, en algunos casos, los oídos. Aquí, todos los sonidos salen del alma, de las entrañas mismas de estos sujetos. No se necesitan micrófonos, ni amplificadores, sólo de la sinceridad que transmite con su obra “Onda Vaga”.
Este grupo autodefinido como “música de sanación y meditación” se sentó en las sillas puestas una al lado de la otra, mientras eran asfixiados por unas doscientas personas; cerca, muy cerca. Algunos de los asistentes a esta particular ceremonia de sanación desafiaron lo establecido y se ubicaron delante de la primera fila, sentados en el piso. Nunca pudieron estirar sus piernas desde el suelo. De hacerlo, hubiera implicado romper la última barrera y pasar el fuego que delimitaba quién era quién. Las pequeñas llamas dividían los roles, de un lado los músicos, del otro el público.

III
“Su silencio es nuestra música”. Así, sin más, con esas palabras, trombón en mano, Germán Cohen hace los honores de bienvenida. Y como toda ceremonia marca sus reglas, casi dogmáticas para los presentes. Éstos, entienden que el show no son ellos, y que esa tarde noche fue para escuchar música. Entonces, eso se hizo: escuchar.
Introducción instrumental como para empezar con la cura de corazones heridos. “Ya”, fue el segundo de los diecisiete mandamientos vagos. Entonces, la meditación y el estado de conexión en los sacerdotes a cargo comenzó con el canto de “Me pega fuerte”, una declaración despojada y sincera de alguien inestable en decisiones para el amor.

IV
Una chica, baila sobre un costado del fogón urbano y organizado del auditorio del Centro Cultural Islas Malvinas. Ve a la gente sentada en el piso (muy cerca de la banda) y encuentra un lugar, un hueco que le va a hacer cambiar su óptica del momento. Ella va y se arroja como imantada ante las maderas. Aunque ya no está parada, su pulso no se pierde, mueve su cuerpo de la cintura para arriba. A su lado, un chico de barba, pelo estirado para atrás por una vincha, pantalones estilo hindú y bolso de típica feria artesanal le susurra algo al oído dos minutos después de que ella haya encontrado la posición ideal. Cordialmente, la recién ubicada le responde. Él asiente con la cabeza y se queda mirándola de reojo. Observada, simula un sonrojo y entra en la meditación que proponía Onda Vaga.
Desde ese momento, sus manos marcaron el tiempo en cada canción. Su compañero de ubicación pensaba cómo acercarse hasta ella, qué decir para entablar relación. En las sillas, las parejas estaban para el deleite, el lugar corría fuera del tiempo y espacio, alcanzando la calidez que muchos fueron a buscar.

V
El quinteto va variando los roles instrumentales, el guitarrista pasa al cajón peruano, mientras que el trompetista agarra las maracas y se para en el medio de la canción. Por momentos, la acústica, de lo que fue transformándose en templo, permite que el diálogo entre los sacerdotes y fieles se susurre y con eso alcanza. El reloj corre, pero nadie se da cuenta. Los celulares, caracterizados por interrumpir estas situaciones, misteriosamente están enmudecidos. “Esta noche es hora de entregar muchos besos / y darnos cuenta que a veces nos cuesta”, fue el arranque de una de las últimas canciones (Rayada) de melancolía, declaración y sanación. La introspección desde las cuerdas de guitarra y del cuatro (un instrumento de la familia de la guitarra pero con sólo cuatro cuerdas, usado para los ritmos centroamericanos preferentemente) fue entera y decididamente hacia cada uno de los presentes. Después de eso, la ceremonia empezaba a cantar su final.

VI
“No me importa si el viento va al oeste/ o para atrás donde sea voy a ir/voy a cortar las guirnaldas de esta peste…” fue la propuesta, luego de mostrar todos los males producto de tropiezos con su corazón en las anteriores canciones, de que siempre hay que seguir para adelante. Eso, es uno de los fundamentos planteados por esta especie de religión en sus ceremonias, que constantemente entre tanta oscuridad brilla una luz. Y como hay luz, hay movimiento, y como hay movimiento hay pulso, y si hay pulso, hay vida. El pulso de la ceremonia se acelera con la canción “Experimento”, los músicos bailan de pie, pero la gente sigue sentada. “Iba tan guapa que ni se la vea/ con su dulce, mi leche/Ay Ay Ay Ay Ay Ay este experimento, yo lo recomiendo” en sonido de rumba con algunos alaridos al estilo mariachi. Entonces se notó que hubo luz, más allá de que las velas ya terminaban de arder y, de a una, se iban apagando. De pie siguieron hasta el final de la canción –la anteúltima- y lejos de las sillas los vagos terminaron su ceremonia de sanación. Fue “Mambo” (autoría de Andrés Calamaro) lo que cerró el concepto sonoro y dejó un silencio sano en la, ahora nuevamente, sala.

VII
Los peregrinos de la ceremonia finalmente se pararon y muchos se miraban entre ellos, tenían la sensación de haber pasado por un estado de hermetismo que resultaba propio de una sanación. Lentamente fueron saliendo y el aire era distinto: ya sabían que estaban en el patio del Centro Cultural Islas Malvinas, que era domingo y que al otro día todo volvería a ser como antes.
-Chau, un gusto. Dijo el chico que estaba sentado delante de todo con barba, pelo peinado para atrás y pantalón hindú
-Chau, ¿ya te vas?, respondió ella. Como queriendo saber algo más sobre él, después de haber pasado juntos aquel momento que ya parecía lejano.
-Si si, fueron sus últimas palabras. Y se alejó
Quizá, él perdió en algún momento la esencia de Onda Vaga y no se dio una oportunidad, o tal vez creyó oportuno sólo el momento de la sanación/recital para la ocasión de buscar algo más en ella. Ya en la entrada al lugar, la chica miraba la cartelera para ver qué pasaría en el Centro Cultural la siguiente semana.


foto: Facundo Arroyo
dieño: Nahuel Torras

jueves, 19 de marzo de 2009

"Sheriff, que limpio el templo está"


Momo Sampler fue el último disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricotas. Fue “Momo-Sampler: un carnaval de la emulación”, según su mismo prólogo. Fue en el año 2000, después de pasar el miedo al cambio de milenio, antes de la caída de las torres en EE UU y de otro derrumbe social-político-cultural y económico en Argentina.
Fue una obra conceptual que presagiaba lo que se venía, fue la pluma zagas y acertada del Indio Solari (líder de Los Redondos), su mirada y transcripción del mundo, usando el lenguaje que más maneja: el de la calle –aunque ya no se lo vea en ella desde años-, donde las prostitutas pelean en los cordones su propio destino, los trajeados gastan el último aliento para su escape al más allá y en el cual los chorros -al igual que la policía- se sienten a gusto, en su jungla.
El disco fue “las últimas aventuras” sobre las tablas de un movimiento que empezó como vanguardia, y mostró otra manera de vivir en “el mercado de todo amor”. Desde antes de los duros años de plomo, hasta la peligrosa y costosa época de pizza con champagne. Fue la guerra fría (bajo el ala del mítico y oscuro disco Oktubre), fue otra explicación de la depresión de la década del 80’ y “El futuro llegó hace rato” –en el estribillo de Todo un Palo-, último tema de “Un Baión Para el Ojo Idiota” (1988).
Fue vida, muerte (escrito con el apellido Bulacio, -seguidor de la banda detenido después de un recital de la banda en el club Obras Sanitarias en 1991 y encontrado muerto producto del abandono policial en la comisaría-), otra vez vida en el disco Luzbelito y muerte de nuevo, para terminar un ciclo, en Momo Sampler. Este nombre compuesto fue un disco que cantó, canta y cantará contra “Susanita, tan bonita.”
Susanita y Los Redondos tienen algunos puntos en común. Susanita arrancó su carrera en el año 1969 con la publicidad del jabón “Cadum”, ahí había logrado entrar a donde quiso de chica. Por esos años Los redondos no existían como tal, pero el génesis a todo lo anteriormente escrito estaba en La Cofradía de la Flor Solar (una comunidad de músicos, intelectuales y artesanos fundada a mediados de los 60 en la Ciudad de La Plata) que sería el canal y polo de atracción para el nacimiento de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Patricio Rey miraba desde enfrente lo que Susanita disfrutaba. Él, quería hacer el cambio a lo que Susanita le sonreía. Ella, disfrutó que el futuro haya llegado hace rato, despegó en los tiempos de quietud en la sociedad argentina. Se calló, nunca vio y ni se le atravesó por la cabeza lo que Patricio Rey grito por última vez en Momo Sampler.
Hoy Susanita pide la pena de muerte para el que mata. Sin conocerse, con ópticas y sentimientos diferentes, el Indio Solari alertó, y aún lo sigue haciendo, todo lo que puede llegar a generar lo que alguien como Susanita pueda decir.
Hoy, también, ocho mil personas debaten en el portal de Facebook -mayoritariamente apoyando- los dichos de Susanita, en relación sobre para quiénes deben ser los derechos humanos. El Indio Solari durante una entrevista por la salida del disco Momo Sampler en el año 2000 dijo: “El concepto del álbum tiene que ver con este sistema medio travestido, esta hipocresía general, donde todo el mundo trata de sostener un estado de cosas que es farsesco. Tiene que ver con la emulación del carnaval”. Por estas horas, desde programas televisivos con caras visibles como las de Jorge Rial, Mauro Viale, el Facha Martel y una lista de nombres que continúa se sigue detrás de Susanita, que con su canción por momentos hipnotiza los medios de comunicación, instalando la agenda mediática desde esos espacios.
Por eso el esfuerzo en la comparación; la canción número ocho de Momo Sampler (“Sheriff”) canta : “ladrá! ladrá! y mordé!/ No permitas que pise mierda en mi jardín”, para resumir sarcásticamente lo que Susanita piensa :”No tienen norte, no tienen salvación/hacé el trabajo y redimilos, por favor/Que se mejoren allá en la eternidad.../partiles el buñuelo y quitá mi pena así”.
De ese disco también se desprenden frases como : “Están mis muertos, están tan lejos, de la pantalla en que vos te mirás”, de la demandante “Dr Saturno”. Pantalla, mirar, medios de comunicación, todo parece mezclarse en esa emulación de la que hablaba un simple cantante de rock, que pudo ver (seguramente como varios otros) que lo sucedido no es más que “el carnaval farasesco.”


dibujo: Nahuel Torras

lunes, 2 de marzo de 2009


Sólo es tiempo que muere

"La realidad tiene de más en más esta apariencia de pequeña pantalla"

Las prisiones, de momento buenas... después complican.
Por eso el andar, desafiarse y desafiarlo.
Avanzo, desde los costados voces miradas y silencios

La realidad baila con el destino.
Sentada, la casualidad mira resignada.
En un hálito, se para y entiende que la realidad no existe,
entonces empuja y se transforma, muta.

Ahora la causalidad es la que camina, en el pasado y el presente
Para irse hasta otra versión,
a donde la casualidad la llame a gritos
como en ésta, para matar a la ficcional realidad.

lunes, 16 de febrero de 2009

Entrevista exclusiva


Entrevista Exclusiva.
La habitación era la número 132 y el refugio que significaba para él cualquier lugar cerrado, le producía placer, ante tanta soledad popular.
Dentro de esas paredes, no había reglas ni normas. Por eso las secuelas, por eso las huellas de noches anteriores. Convivían las cucarachas (en la noche) con los restos de cocaína, crack y marihuana sobre la mesa de luz. Un tacho que hacía de escupidera en la cabecera de la cama mezclaba restos de pizzas, vómito y papeles. Los jugos gástricos se condensaban al final del balde y el olor se percibía sólo cerca de ese depósito de vergüenza.
Una guitarra exclusiva para él descansaba en el bañadera, sin ningún por qué definido. Decía que mientras el instrumento estuviera en el baño, absorvería todas las energías necesarias para transmitir lo que él ya no podía darle. Por sus excesos y resacas continuas.
“Todo lo que dejamos nosotros termina en los baños, por eso está ahí”. Respondió durante la entrevista. “En ese lugar vive lo bueno del hombre y lo malo, ahí me arreglo, me destruyo y me vuelvo a arreglar”, respondía. Mientras señalando, se dejaba notar bajo su brazo las marcas de los pinchazos de heroína. Las venas querían escapar. Le aparecían calles moradas e hinchadas que corrían desesperadas por sus extremidades totalmente consumidas, más cercana a cualquier desnutrido de algún país africano que al de una estrella musical.
Esa tarde parecía obsesionado con el baño, quiso terminar la entrevista sentado en el inodoro, mientras yo, parado frente al bidet (desde donde se veía un líquido verdoso algo marrón pegado –de varios días seguramente- en el fondo de ese elemento) lo miraba y entendía que él ya no tenía más lugar a donde escapar.
“¿Sentís el olor que hay acá?, es especial. Casi mágico. Pero no en el de la belleza que creen todos. La mierda, el moho que se hace en el cielo raso, el papel higiénico mojado. Las partículas que largan los algodones con sangre, mezclado con las hormigas que aparecen. Hacen una atmosfera perfecta”, fue algo de lo que dijo.
A veces fijaba su punto, al fondo del desagüe de la bañadera, del bidet o el inodoro. “¿Sabés a donde va a parar todo esto? A nosotros mismos. Dentro nuestro tenemos meo de rata, restos de mierda propia, pero también ajena y cuántas basuras más. Y cuando lo entendamos, todos nos vamos a llevar mejor y nadie va a discriminar al otro y todos vamos a ser la misma escoria. Como ahora, pero entendiéndolo. Entonces no nos va a molestar revolver la basura, pelear contra los perros enfermos, patear ratas, y luchar contra los gatos por el destino de sus presas”.
Y así corrió el resto de lo que era mi reportaje exclusivo, entre escupidas, incorduras, olores inolvidables y retazos de ideología escatológica. A la noche dio su mejor recital en la historia. La madrugada lo encontró demasiado cerca de la basura y le gustó tanto que amaneció en la bañadera (esa que a la tarde había estado mirando en una fijación propia de un suicida, antes de saltar al vacío) muerto y asfixiado por su propio vómito. Drogas, alcohol, y palomas que miraban desde la ventana fue lo único que se escribió en esa mañana, junto a su cuerpo que pesaba en el mármol, custodiado y sobrevolado por moscas. Él fue titular, de los policiales. Yo jamás pude publicar mi entrevista exclusiva. Tenía razón, la basura es parte inseparable de nosotros.

jueves, 12 de febrero de 2009

Efeméride


GRAFFITI

Tantas cosas que empiezan y acaso acaban como un juego, supongo que te hizo gracia encontrar el dibujo al lado del tuyo, lo atribuiste a una casualidad o a un capricho y sólo la segunda vez te diste cuenta de que era intencionado y entonces lo miraste despacio, incluso volviste más tarde para mirarlo de nuevo, tomando las precauciones de siempre: la calle en su momento más solitario, ningún carro celular en las esquinas próximas, acercarse con indiferencia y nunca mirar los graffiti de frente sino desde la otra acera o en diagonal, fingiendo interés por la vidriera de al lado, yéndote enseguida.
Tu propio juego había empezado por aburrimiento, no era en verdad una protesta contra el estado de cosas en la ciudad, el toque de queda, la prohibición amenazante de pegar carteles o escribir en los muros. Simplemente te divertía hacer dibujos con tizas de colores (no te gustaba el término graffiti, tan de crítico de arte) y de cuando en cuando venir a verlos y hasta con un poco de suerte asistir a la llegada del camión municipal y a los insultos inútiles de los empleados mientras borraban los dibujos. Poco les importaba que no fueran dibujos políticos, la prohibición abarcaba cualquier cosa, y si algún niño se hubiera atrevido a dibujar una casa o un perro, lo mismo lo hubieran borrado entre palabrotas y amenazas. En la ciudad ya no se sabía demasiado de qué lado estaba verdaderamente el miedo; quizá por eso te divertía dominar el tuyo y cada tanto elegir el lugar y la hora propicios para hacer un dibujo.
Nunca habías corrido peligro porque sabías elegir bien, y en el tiempo que transcurría hasta que llegaban los camiones de limpieza se abría para vos algo como un espacio más limpio donde casi cabía la esperanza. Mirando desde lejos tu dibujo podías ver a la gente que le echaba una ojeada al pasar, nadie se detenía por supuesto pero nadie dejaba de mirar el dibujo, a veces una rápida composición abstracta en dos colores, un perfil de pájaro o dos figuras enlazadas. Una sola vez escribiste una frase, con tiza negra: A mí también me duele. No duró dos horas, y esta vez la policía en persona la hizo desaparecer. Después solamente seguiste haciendo dibujos.
Cuando el otro apareció al lado del tuyo casi tuviste miedo, de golpe el peligro se volvía doble, alguien se animaba como vos a divertirse al borde de la cárcel o algo peor, y ese alguien por si fuera poco era una mujer. Vos mismo no podías probártelo, había algo diferente y mejor que las pruebas más rotundas: un trazo, una predilección por las tizas cálidas, un aura. A lo mejor como andabas solo te imaginaste por compensación; la admiraste, tuviste miedo por ella, esperaste que fuera la única vez, casi te delataste cuando ella volvió a dibujar al lado de otro dibujo tuyo, unas ganas de reír, de quedarte ahí delante como si los policías fueran ciegos o idiotas.
Empezó un tiempo diferente, más sigiloso, más bello y amenazante a la vez. Descuidando tu empleo salías en cualquier momento con la esperanza de sorprenderla, elegiste para tus dibujos esas calles que podías recorrer en un solo rápido itinerario; volviste al alba, al anochecer, a las tres de la mañana. Fue un tiempo de contradicción insoportable, la decepción de encontrar un nuevo dibujo de ella junto a alguno de los tuyos y la calle vacía, y la de no encontrar nada y sentir la calle aún más vacía. Una noche viste su primer dibujo solo; lo había hecho con tizas rojas y azules en una puerta de garaje, aprovechando la textura de las maderas carcomidas y las cabezas de los clavos. Era más que nunca ella, el trazo, los colores, pero además sentiste que ese dibujo valía como un pedido o una interrogación, una manera de llamarte. Volviste al alba, después que las patrullas ralearon en su sordo drenaje, y en el resto de la puerta dibujaste un rápido paisaje con velas y tajamares; de no mirarlo bien se hubiera dicho un juego de líneas al azar, pero ella sabría mirarlo. Esa noche escapaste por poco de una pareja de policías, en tu departamento bebiste ginebra tras ginebra y le hablaste, le dijiste todo lo que te venía a la boca como otro dibujo sonoro, otro puerto con velas, la imaginaste morena y silenciosa, le elegiste labios y senos, la quisiste un poco.
Casi enseguida se te ocurrió que ella buscaría una respuesta, que volvería a su dibujo como vos volvías ahora a los tuyos, y aunque el peligro era cada vez mayor después de los atentados en el mercado te atreviste a acercarte al garaje , a rondar la manzana, a tomar interminables cervezas en el café de la esquina. Era absurdo porque ella no se detendría después de ver tu dibujo, cualquiera de las muchas mujeres que iban y venían podía ser ella. Al amanecer del segundo día elegiste un paredón gris y dibujaste un triángulo blanco rodeado de manchas como hojas de roble; desde el mismo café de la esquina podías ver el paredón (ya habían limpiado la puerta del garaje y una patrulla volvía y volvía rabiosa), al anochecer te alejaste un poco pero eligiendo diferentes puntos de mira, desplazándote de un sitio a otro, comprando mínimas cosas en las tiendas para no llamar demasiado la atención. Ya era noche cerrada cuando oíste la sirena y los proyectores te barrieron los ojos. Había un confuso amontonamiento junto al paredón, corriste contra toda sensatez y sólo te ayudó el azar de un auto dando la vuelta a la esquina y frenando al ver el carro celular, su bulto te protegió y viste la lucha, un pelo negro tironeado por manos enguantadas, los puntapiés y los alaridos, la visión entrecortada de unos pantalones azules antes de que la tiraran en el carro y se la llevaran.
Mucho después (era horrible temblar así, era horrible pensar que eso pasaba por culpa de tu dibujo en el paredón gris) te mezclaste con otras gentes y alcanzaste a ver un esbozo en azul, los trazos de ese naranja que era como su nombre o su boca, ella ahí en ese dibujo truncado que los policías habían borroneado antes de llevársela; quedaba lo bastante para comprender que había querido responder a tu triángulo con otra figura, un círculo o acaso una espiral, una forma llena y hermosa, algo como un sí o un siempre o un ahora.
Lo sabías muy bien, te sobraría tiempo para imaginar los detalles de lo que estaría sucediendo en el cuartel central; en la ciudad todo eso rezumaba poco a poco, la gente estaba al tanto del destino de los prisioneros, y si a veces volvían a ver a uno que otro, hubieran preferido no verlos y que al igual que la mayoría se perdieran en ese silencio que nadie se atrevía a quebrar. Lo sabías de sobra, esa noche la ginebra no te ayudaría más que a morderte las manos, a pisotear las tizas de colores antes de perderte en la borrachera y el llanto.
Sí, pero los días pasaban y ya no sabías vivir de otra manera. Volviste a abandonar tu trabajo para dar vueltas por las calles, mirar fugitivamente las paredes y las puertas donde ella y vos habían dibujado. Todo limpio, todo claro; nada, ni siquiera una flor dibujada por la inocencia de un colegial que roba una tiza en la clase y no resiste al placer de usarla. Tampoco vos pudiste resistir, y un mes después te levantaste al amanecer y volviste a la calle del garaje. No había patrullas, las paredes estaban perfectamente limpias; un gato te miró cauteloso desde un portal cuando sacaste las tizas y en el mismo lugar, allí donde ella había dejado su dibujo, llenaste las maderas con un grito verde, una roja llamarada de reconocimiento y de amor, envolviste tu dibujo con un óvalo que era también tu boca y la suya y la esperanza. Los pasos en la esquina te lanzaron a una carrera afelpada, al refugio de una pila de cajones vacíos; un borracho vacilante se acercó canturreando, quiso patear al gato y cayó boca abajo a los pies del dibujo. Te fuiste lentamente, ya seguro, y con el primer sol dormiste como no habías dormido en mucho tiempo.
Esa misma mañana miraste desde lejos: no lo habían borrado todavía. Volviste a mediodía: casi inconcebiblemente seguía ahí. La agitación en los suburbios (habías escuchado los noticiosos) alejaba a las patrullas urbanas de su rutina; al anochecer volviste a verlo como tanta gente lo había visto a lo largo del día. Esperaste hasta las tres de la mañana para regresar, la calle estaba vacía y negra. Desde lejos descubriste el otro dibujo, sólo vos podrías haberlo distinguido tan pequeño en lo alto y a la izquierda del tuyo. Te acercaste con algo que era sed y horror al mismo tiempo, viste el óvalo naranja y las manchas violeta de donde parecía saltar una cara tumefacta, un ojo colgando, una boca aplastada a puñetazos. Ya sé, ya sé, ¿pero qué otra cosa hubiera podido dibujarte? ¿Qué mensaje hubiera tenido sentido ahora? De alguna manera tenía que decirte adiós y a la vez pedirte que siguieras. Algo tenía que dejarte antes de volverme a mi refugio donde ya no había ningún espejo, solamente un hueco para esconderme hasta el fin en la más completa oscuridad, recordando tantas cosas y a veces, así como había imaginado tu vida, imaginando que hacías otros dibujos, que salías por la noche para hacer otros dibujos.


JULIO CORTÁZAR. 1914-1984

lunes, 2 de febrero de 2009

La canción

Tenía todas las canciones por escuchar, pero un día fue un chau. Llegó a su techo antes de lo previsto y sin decir nada se perdió. Lo buscaron tanto que nunca lo encontraron.

Fue una balada y un duro punk. Siempre miró de cera al rock, tanto que lo llamó y él apareció. Le trajo a todos ellos y él agradeció, le mostró otro ruido y él lo escuchó. Cuando el rock se fue quedó así, lejos de todos.

Algunos lo ven cada tanto (pero sólo en partes), otros prefieren creer que es su rock otra vez. Pero él -como el rock- ya se fue. Hay quien dice que para siempre. Volverán algún día y esa va a ser su primera canción...

domingo, 1 de febrero de 2009

"... confusamente consciente de que estaba haciendo algo que desde hace mucho tiempo deseaba que se pudiera hacer, pero que nunca se había imagiando que en realidad se pudiera hacer, sin saber cómo lo estaba haciendo porque no sabía dónde estaban los pies y dónde la cabeza, ni los pies de quién ni la cabeza de quién, y sintiendo que que no podía resistir más el rumor glacial de sus riñones y el aire de sus tripas, y el miedo, y el ansia atolondrada de huir y al mismo tiempo de quedarse para siempre en aquel silencio exasperado y aquella soledad espantosa."


G. Márquez

viernes, 2 de enero de 2009

Anotado


Ahora y hasta mañana.

Dejaron un corazón secando en la mesa
cuando se miraron al espejo otra vez, no hubo nada
pero siempre estaba eso (el miedo, la razón, el llanto, el olor y la risa que pasó)
Nada alrededor, y así empieza
esperen a que esta vez no duela tanto.